Diego Soto, director de “La corazonada” (2025): «El equipo pequeño para mí es una necesidad para poder tener un espacio creativo»
Tras sorprender con “Muertes y maravillas” (2023), película que le valió reconocimientos en el BAFICI, FICValdivia y FIDOCS, el realizador Diego Soto presentó en la 32º edición del Festival Internacional de Cine de Valdivia su tercer largometraje, “La corazonada”. La cinta tuvo su estreno mundial con sala llena, y será la primera película chilena distribuida por Centro de Arte Alameda, marcando un nuevo paso en la trayectoria del cineasta rancagüino.
Conversamos con Diego Soto luego de la primera función, para conocer más sobre esta nueva etapa, los lazos familiares y afectivos que atraviesan su cine y su íntima forma de filmar.
Durante la presentación de “La corazonada”, el director dedicó unas hermosas y sensibles palabras a sus tíos, protagonistas de su primera película «Un fuego lejano» (2019). Su discurso emocionó a la sala y dio pie a esta conversación. Diego recuerda con especial cariño esa primera experiencia, marcada por la confianza y la precariedad del rodaje.
– Nos emocionó el mensaje y homenaje que rendiste ayer en la presentación a tus tíos, que también son parte de tu primera película. ¿Lo preparaste o nació espontáneamente?
«Lo que pasa es que para mí es sorprendente, yo sé que son mi familia y hay un cariño de por medio, pero que alguien te abra las puertas de su casa, de su vida, para involucrarse en un juego que la mayoría de las veces no hay certeza que vaya a concluir en una película o que vaya a funcionar. Y lo que nos pasó en esa película (Un fuego lejano), una cinta que a mí me gusta, me tiene muy contento, pero, efectivamente no tuvo gran recorrido. Incluso “La Corazonada” la presentan muchas veces como mi segunda película (Risas) y es la tercera. Aparte la grabamos donde ellos trabajan, en el estacionamiento que ellos administran en el centro de Rancagua, y grabamos mientras ellos trabajaban.
Hubo un montón de “barzedades” como equipo: estar grabando y los hacíamos actuar, mientras ellos trabajaban y de repente se cruzaba un cliente y se metía en la escena y eso lo dejábamos en la película.
También en “Muertes y maravillas” hubo un montón de actos de generosidad, de mi hermano chico, de sus amigos, de las familias de sus amigos. Para mí, ha tomado un peso muy importante poder retribuir esos actos de generosidad. Y retribuirlos con la película. Cada vez pienso más en esta pregunta sobre si los cineastas tenemos que pensar en el espectador. Para mí, el espectador es una idea muy conservadora, se plantea desde una homogeneidad del público, que no la hay. Pero sí puedo hacer una película pensando en un espectador, que son los que actúan en la película, que puedan verle, que puedan disfrutarla«.
En “La corazonada”, podemos ver nuevamente la preferencia del director por rodajes pequeños y familiares, un estilo que apuesta por la cotidianidad, la confianza y la cercanía con su equipo. Esta decisión creativa, Diego Soto la presenta desde su propia personalidad, valorando la intimidad y la realidad en su obra.
– Grabas con equipos pequeños muy reducidos y esa intimidad se percibe en tu cine ¿Cómo se aborda en tus rodajes esa decisión?
«Es una decisión que parte de nuestras personalidades, o sea con Manu (Manuel Vlastelica, productor), somos personas introvertidas que necesitan un espacio de confianza y de seguridad para poder crear. Yo pasé por la escuela de cine y he trabajado en rodajes más industriales, y se encuentra una relación muy jerárquica. Hay un montón de gente trabajando, y de repente tú le pides a alguien que haga algo y te dice, ese no es mi trabajo. Y nuestro caso, es todo lo contrario. Yo un día estaba cocinando el almuerzo. De hecho, el plan original era que yo con Manu nos íbamos a turnar para hacer los almuerzos durante el rodaje. Y de repente cachamos, que no nos daba el tiempo para poder cocinar y aparte preparar la escena que venía. Y ahí llamé a mi mamá que también se incorporó al rodaje.
El equipo pequeño para mí es una necesidad para poder tener un espacio creativo. Y un espacio creativo que aparte es cambiante. No puedo decirle a la gente con exactitud qué va a pasar durante el día, porque hay mucho que está sujeto a una contingencia, de las cosas que aparecen hoy y ahora».
Después del exitoso recorrido de “Muertes y maravillas” por festivales, “La corazonada” marca un nuevo desafío: llegar al público chileno. La cinta ya cuenta con distribución comercial asegurada y por lo mismo conversamos con Diego de lo que se viene en comparación a sus películas previas.
– “Muertes y maravillas” tuvo un excelente recorrido por festivales y la película fue creciendo, estuvo vigente con varios estrenos en distintos momentos. Ahora te pasa algo nuevo, “La corazonada” se estrena con sala repleta en FIC Valdivia y ya tiene distribución ¿Cómo percibes estos procesos e ir creciendo en el circuito o industria?
«Es bonita la idea de crecimiento porque yo la experimento como ir sumando amigos. Se va sumando gente que quiere ayudar, que quiere colaborar con nosotros. Se sumó Fernando a la producción, que nos ha ayudado un montón para poder financiar y terminar bien. También se sumó el equipo de Centro Arte Alameda, esta es la primera película chilena que van a distribuir y lo han hecho desde un gran entusiasmo y compromiso afectivo. Esta es una distribución que no tiene grandes recursos. Las distribuciones pueden ser muy caras y ellos están haciendo mucho, digamos con lo poco que tenemos».
En cuanto al contexto de exhibición, el director reflexiona sobre el panorama actual del cine chileno y las dificultades para competir por los espacios para proyectar las cintas.
«En el fondo también tenemos el beneficio de que como somos películas baratas. Uno apuesta menos y la retribución puede ser mejor. Ha pasado también en el último año con estas producciones chilenas que aspiran a un estándar industrial. Y todos sabemos a quién nos referimos, que ellos mismos consideran que fracasan siendo que llevan mucha gente, pero no la suficiente para recuperar la inversión».
Uno de los rasgos más reconocibles en el cine de Diego Soto es su elección de personas reales en lugar de actores profesionales, muchas veces familiares o amigos. Por lo mismo conversamos sobre este sello en su autoría.
– Trabajas en tus películas con “personas reales” (Diego nos rectifica y señala personas sin botox ante esta presentación con risas). ¿Qué cuidas al trabajar con ellos? ¿Cómo se protege esa vulnerabilidad que también es una fortaleza en la obra?
«Creo que igual uno va afinando el ojo para identificar quién puede crecer en la pantalla. Yo creo que esa es la definición clásica de la fotogenia, al ponerse frente a una cámara y generar un efecto afectivo. Con mis tíos en esta película, con mi hermano en la anterior, rápidamente se genera una empatía con ellos porque hay algo en su rostro que nosotros podemos reconocer también como cercanos a las personas que conocemos.
Desde la postura política hay una lucha contra la belleza hegemónica del cine. Uno ve los estudiantes de actuación y a los que les va bien, y corresponden a cierto arquetipo, que no siempre fue así. Si uno ve la generación de los mejores actores chilenos, los que hicieron películas con Ruiz, con Sánchez, con Littín, no eran personas hegemónicas».
– Diego, y desde este cariño a las personas, también notamos algo con el territorio. No es gratuito que grabes en lugares específicos ¿Cómo abordas esa relación con el espacio grabando con tu familia? ¿Qué te interesa de esa relación?
«Me cuesta pensarlo como territorio. Que también es un término muy de academia. Porque la casa donde grabamos, es la casa de mi abuelo, que ya no está con nosotros y pasó a ser la casa de mis tíos. Entonces, es un lugar muy lleno de afectos. Esos caminos de tierra que se ven era donde salíamos a recorrer y jugar. El centro de Doñihue, donde acompañaba a mi abuelo a comprar. Creo que la vinculación es más afectiva que antropológica. Porque hay muchas películas que tienen ese acercamiento antropológico con lo que llamamos territorio. Porque en el fondo tienen una mirada como quien llega desde afuera. Y la mirada para mí es de estar en lugares, de habitarlos con comodidad, observo estos espacios porque los conozco«.
En “La corazonada”, Diego Soto reafirma un cine hecho desde la intimidad, la confianza y el afecto, donde las fronteras entre lo personal y lo cinematográfico se desdibujan para dar paso a una experiencia profundamente humana. Su obra nace del vínculo con los suyos (familiares, amigos, vecinos) que se convierten en cómplices y protagonistas de relatos que mezclan realidad y ficción con ternura y naturalidad. Con equipos reducidos y una puesta en escena cercana, el director construye un espacio creativo basado en la libertad, la confianza y la reciprocidad emocional, reivindicando la autenticidad de las “personas reales” y la belleza no hegemónica en una fotogenia con personajes tremendamente carismáticos.
Estrenada y premiada en FIC Valdivia 2025 (Premio Especial del Jurado y Premio del Público) y en competencia en FIDOCS, “La corazonada” estará prontamente en salas nacionales gracias a la distribución de Centro Arte Alameda.