Ignacio Rojas Vallejo, director de Ensayos y Errores: “Hacer cine hoy, con toda la rapidez a la que va el mundo, es casi un acto de resistencia”
Ignacio Rojas Vallejo es director y protagonista del documental «Ensayos y errores» (2024), una película que se convierte en el verdadero diario de un desempleo y todo lo que este complejo momento conlleva. La película sigue a Nacho en su paso por la boutique familiar luego de fallar en la búsqueda de trabajo en el mundo audiovisual, el relato se convierte fácilmente en una cómica y cálida reflexión sobre el proceso creativo y las ganas de filmar, incluso cuando las circunstancias no son favorables.
Egresado de la Universidad del Cine de Buenos Aires, Ignacio Rojas Vallejo se formó en un entorno donde el cine se vive con naturalidad, sin solemnidad, y donde hacer películas es —como él mismo dice— “un fin en sí mismo”. Su paso por Argentina marcó profundamente su manera de entender el oficio: un acercamiento más libre, menos técnico y más reflexivo, donde lo importante es pensar las películas antes que perseguir una perfección formal.
En «Ensayos y errores», esa mirada se hace evidente: los límites técnicos se convierten en una virtud, y la cámara en una extensión de él mismo. Ignacio logra combina el humor, la autocrítica y la honestidad para construir una obra que, más que registrar un momento vital, lo piensa. La película fue estrenada el año 2024 en el Festival de Documentales de Santiago donde gano la Mención Especial del jurado Competencia nacional y luego tuvo el estreno en la ciudad que la vio nacer, en el festival internacional de cine de Viña del Mar FICViña, ganando Mejor Película en la categoría Miradas de Territorio.
En esta entrevista, conversamos con Ignacio sobre su proceso creativo, el impacto de mirar su vida en pantalla grande y la manera en que este documental dialoga con las formas de hacer cine en Chile hoy.
Algo que deja este documental es el optimismo, esas ganas de hacer cosas sin siquiera pensar que serán algo, como ha sido para ti que la gente vea y de alguna forma conecte con esos momentos tan vulnerables que es el desempleo.
“Mostrar esto en pantalla grande ha sido súper sano, creo, como un ejercicio de observarse a sí mismo desde cierta distancia, cuando uno mira las cosas con esa perspectiva, creo que inherentemente puede entrar también la comedia. Hay algo en este tipo de procesos, como lo es el desempleo, algo que viene muy de luchar, liderar, caer y pienso que en esta película y también ver mi vida desde esta perspectiva, la tragedia está tan en primer plano que el humor no se puede evitar.
Bueno, creo que hay algo de eso y que tiene que ver justamente con la distancia desde la que uno puede mirar las situaciones, este ejercicio de verse a sí mismo y lo de la vulnerabilidad es muy interesante, porque no son cosas que yo pensé tan a priori cuando iba grabando. Los materiales me iban guiando un poco hacia allá, hacia donde tenía que ir también la película, porque de alguna manera, al no trabajar con un guion predeterminado, el guion era el material mismo —lo llamaba “guion blando”— y lo iba editando.
Por eso para mí ha sido muy bonito el proceso de observarme a cierta distancia, porque de alguna manera me doy cuenta de que el Nacho de la película es otro “Nacho”. Eso es extraño, porque hoy en día existe mucho control de la imagen propia: los filtros, hacer diez tomas para una selfi, etc. Y dentro del documental se pierde un poco eso y tiene mucho de dejar que entre el azar, que es lo lindo, a diferencia que si esto fuera una ficción.
Entonces uno como que se tiene que entregar a ese cierto azar porque estás haciendo una película te tienes que entregar algo. Y creo que hacer documentales tiene mucho de eso tambien, en contraste con la ficción. De alguna forma me parece que en la ficción siempre hay una voluntad de querer controlar las cosas. Y el documental —o los buenos documentales, creo yo— se abren al mundo y se abren a lo que ocurra.
Entonces, para esta peli fue como: bueno, busquemos un equilibrio porque no todo puede ser azaroso, pero al entregarme estas indecisiones, la misma película era la que me iba guiando hacia donde tenía que ir por lo que el proceso en general era un poco escuchar y entender qué era lo que la película me iba pidiendo.”
Tú dijiste en la avant premier, “este no es un documental temático”, pero yo siento que si es un documental muy cotidiano, el tono de la voz en off y el mismo montaje de la película logra generar una sensación de estar acompañándote en tu paso por la boutique familiar. ¿Cómo se ha sentido para ti y para tu mamá, ver el diario de su vida en pantalla grande y también ver la reacción de las audiencias?
“Yo hice esta película sin mucha idea del impacto que iba a tener. No sé si a la mayoría de los cineastas les pasa lo mismo, porque además esta es mi primera película. Para mi sorpresa, nos ha ido muy bien en el recorrido por festivales, y para mí eso es lo más sorprendente. Pero lo más importante para mí es que yo la pasaba muy bien haciéndola, con Sebastián Cartagena, que es el productor de la película, nos generaba mucha risa ir editando y creando el contenido, ¡y es mi vida! Eso es lo que más me sorprende cuando a la gente le gusta la peli: es que es mi vida.
Igualmente, hubo momentos, mientras hacía la película, que me estresaban un poco. Mi mamá y yo tenemos una relación muy buena, pero igual discutimos. Es una persona súper arriba, vive todo de manera muy fuerte y muy intensa. Y yo soy más tranquilo, más pasivo; a veces tengo que ir más lento, más “pájaron”, Entonces, cuando uno ve ese material después —que es mi vida, así somos—, recalco que el humor entra inmediatamente.
Desde el momento en el que grababa dije “esa relación está genial, vamos por ahí”. Y como que me pasó un poco eso: verlo en perspectiva fue un alivio, por suerte no generó incomodidad ni nada así. Hay situaciones que sí son estresantes y difíciles de leer, pero creo que es muy característico del cine: cuando estás en el set o en rodaje —como se le quiera llamar— hay muchos factores pasando al mismo tiempo. Y sobre todo en un equipo pequeño. Este era un equipo mínimo.
En este caso yo estaba con la cámara, con el trípode, y un poco atento a todo lo que pasaba a mi alrededor, intentando dirigir… muchas veces a mi mamá, una persona que no se deja dirigir.
Entonces dije: “Bueno, esto tiene que ser parte de la película. Y también pensaba: La gente debe decir ‘ay, qué chistosa usted’”. Pero a mi mamá le encanta, le gusta mucho la película y le gusta mucho verse a ella misma. Ha sido revelador para ella darse cuenta de que, por momentos, puede ser muy dura, y que internamente no tenía esa noción. Ella misma dice: “No si el Ignacio… me deja como la mona”, en ese proceso de reconocerse, que ha sido muy bueno y a la vez también muy cómico para ambos.“
¿Cómo ha sido para las personas de Reñaca ver la película? Normalmente, se asocia el lugar con el verano, el glamour y los reportajes de televisión, pero tu película muestra el lado B: los restaurantes vacíos, los negocios cerrados, la cotidianidad fuera de temporada. En las funciones han asistido amistades de tu mamá, familiares y gente de Viña; ¿cómo ha sido para ellos verse reflejados en esa otra cara del lugar?
“Es curioso, porque para mí Reñaca, es la ciudad donde crecí, es un lugar que a priori uno pensaría que es lo más anticinematográfico que existe. Porque es un sitio con una lógica muy feroz del capitalismo, muy poco poético, muy cuadrado. Entonces, claro, la gente se va a filmar a Valparaíso, a Chiloé, a Isla de Pascua, o donde sea… como si la poesía estuviera en cualquier sitio, menos en Reñaca. Pero esta película creo que demuestra que cualquier espacio puede tener su propia poética, Y para eso hay que realmente estar, hay que conocerlo bien.
En la película están planteados la playa, las avenidas principales, el estero —que es muy de la zona—, pero claro, son lugares que comúnmente no se ven en la televisión. Por ejemplo, mirando hacia adentro del estero y ahí fue cuando me di cuenta; “Ah, ok, acá hay algo que le da una particularidad muy única”. Pero también esa particularidad se da en los espacios urbanos junto a los personajes. El estero es interesante porque está Celina en esa escena, no es que el paisaje sea interesante porque sí; el paisaje lo es porque está habitado.
Las vacas, las plantas, todo eso es parte del estero, creo que esa imagen es muy poderosa, porque siento que ahí se filtra lo latinoamericano en Reñaca, eso que intentan ocultar todo el tiempo. Ahí está, todo conviviendo. Porque claro, hay mucha palmera, mucho condominio, pero inevitablemente aparece este señor con sus vacas un poco aislado, conviviendo, con esa mezcla un poco inglesa, un poco popular.»
En el último tiempo se han estrenado varias películas chilenas que reflejan las ganas de filmar, muchas veces sin importar el presupuesto ni las dificultades que implica hacerlo. En tu documental también se nota mucho eso, incluso desde su título. ¿Cómo se refleja esas ganas en “Ensayos y errores” y qué rescatas de ese impulso, de hacer cine pese a las limitaciones del oficio?
“Creo que esas ganas de hacer cine tienen que ver con algo generacional. Y, al mismo tiempo, creo que el cine está en un momento muy complejo en general. Porque es paradójico que hoy, más que nunca, sea tan fácil hacer cine con los equipos que tenemos a mano. O sea, piensa: esto mismo podría haberse hecho con un celular y no pasa nada, y estaría muy bien. Pero curiosamente, aunque sea más fácil hacer películas, cada vez es más difícil que la gente vaya a las salas.
Por lo tanto, la gente no sabe muchas veces lo difícil que es hacer una película, no solo por grabar o montar, sino porque —a mi modo de ver— las buenas películas toman tiempo. Son procesos que te acompañan durante años de tu vida, son capas, tramas, decisiones. Y mucha gente no lo sabe o no tiene la paciencia para decir: “Ok, voy a sentarme años a armar este rompecabezas que son las películas”. Entonces, claro, están las ganas de hacer, están los medios de producción —que hoy cualquier persona tiene al alcance de la mano, son accesibles—, pero lo difícil es la voluntad de querer darle tiempo a las películas, el tiempo que todo necesita para madurar.
Yo siempre he sido muy fan del cine, pero también de darle el tiempo que merece cada película. Y es que también hay un contrasentido: hacer cine hoy, con toda la rapidez a la que va el mundo, es casi un acto de resistencia. Hay algo de contra movimiento frente a la inmediatez, frente a lo efímero. El hacer real, el querer hacer, implica perderse en un proceso que es lento, y eso está bien. La película te habla un poco de eso: ya no hay que apurarse tanto, hay que darle más tiempo, darle otra vuelta, decir “esto no funciona”, “esta escena hay que sacarla”.
Las personas de mi edad que estamos haciendo cine, creo que somos una generación de transición. En el sentido de que quizás no vivimos la transición de la dictadura a la democracia, pero sí la transición de un mundo analógico a uno digital. Crecimos con la evolución de Internet: antes en la casa no había computador, de repente apareció uno, después llegó el Internet con un cable telefónico, todo eso nos atraviesa de una manera muy particular. Entonces hay un movimiento extraño, muy curioso, y creo que la historia del cine chileno lo dirá con el tiempo.
Pero me parece que están surgiendo películas muy diversas, muy distintas, y eso también es súper sano para el cine nacional. Que existan propuestas diferentes, habilidades y formas muy distintas de hacer cine. Es decir, se puede hacer con gran presupuesto, mediano o mínimo, pero lo importante es que se haga. Y bueno, yo creo que el verdadero problema de hoy en día para las películas es que la gente las vaya a ver, ese es el gran desafío: no el hacer las películas —que ya es complicadísimo—, sino lograr que la gente quiera ir a la sala. Porque a mí no me da lo mismo que la gente vea “Ensayo y errores” en una sala o que la vea en un celular, ya que esa sensación del humor, de escuchar a la gente reírse en el cine, si tú la vieras en un link en tu casa, de noche, no sería lo mismo.”
En que momento y gracias a que, tomaste la decisión de recopilar todo este material tan “casero” de alguna forma y convertirlo en una película, como fue ese trabajo, de la creación de un guion o de generar alguna especie de línea temática.
“Yo creo que hay algo que se ve en la película: genere, un ejercicio deportivo, casi diario, de grabar, pero era tan liberador esa sensación de estar filmando, también hay que recordar un poco los antecedentes de esta película, que lleva ese título: Ensayo y error. Como en la película “Como me da la gana” (1985), de Ignacio Agüero: hay algo ahí, como un gesto de puño cerrado hacia arriba, una declaración de “hay que hacer películas como me da la gana”. Y ese espíritu, de querer hacer la película, está muy presente.
Esto lo hice todos los días porque me divertía hacerlo, me iba distinto después de una jornada laboral en la tienda, filmando a una que no lo hacía. Los días en que no filmaba, me iba triste, pensando: “Podría haber grabado esto, podría haber hecho esto otro”. Entonces, esa voluntad desinteresada de hacerlo —de hacerlo porque hay placer en hacerlo— creo que es súper importante, y hay que reivindicarla. No ver las películas como un fin para lograr otras cosas, hacer películas es un fin en sí mismo. El proceso mismo es el sentido, por eso creo que “Ensayo y errores” es una película luminosa: porque toma las riendas del proceso, donde el fin es hacerlo, no alcanzar algo externo.
Pienso que tomé la decisión de hacerlo la tome muy temprano, tan temprano que empecé a grabar y editar al mismo tiempo. No era esa lógica de “voy a filmar 300 horas y después me siento a editar”. No, no iba por ahí. Yo filmaba, revisaba lo que había filmado, y de todo eso iba seleccionando planos, cortes, posibles escenas. Era un poco demencial igual, cuando la editora, Titi Viera-Gallo, vio la cantidad de material que había en la línea de tiempo, se agarraban la cabeza, claro, eso tiene algo de diversión también, entonces el guion —por así decirlo— fue una línea de tiempo. Después vino lo difícil: darle sentido a todo eso y para darle sentido, tuve que tomar un montón de decisiones que fui descubriendo sobre la marcha.
Me fui dando cuenta y afirmando decisiones, por ejemplo, la de usar siempre la misma camisa, una decisión puramente pragmática, para darle continuidad al personaje. Claro, porque de esa manera podía jugar más fácil con la idea de que todos los días eran el mismo día, pero también podía hacer parecer que algo filmado en distintos momentos ocurría en uno solo. Dentro del relato uno construye —justamente eso— un relato, y para hacerlo hay que darle un cierto orden a las cosas, un criterio. Si hubiera estado con otra ropa, me habría encontrado con un terreno muy problemático para el montaje, porque se rompería la convención.“
Todo el material está grabado con una handycam Sony y un trípode. ¿Cómo lograste recuperar el sonido, las luces y crear un material finalmente reproducible?
“Fue un proceso completamente hecho a mano. Desde el inicio decidí entregarme a lo que tenía: “esto es lo que hay, y con esto lo haré”. También pensaba que hoy existen películas filmadas con un iPhone 7 o un iPhone 12, y funcionan perfectamente, así que no había excusas. Durante la postproducción de color y sonido me sorprendí mucho; no imaginaba que se podían hacer tantas cosas con tan pocos recursos, siempre dentro de ciertos límites. Filmamos con una cámara muy básica, pero el proceso de color me abrió un mundo de posibilidades: entendí que podía construir contrastes, tomar decisiones estéticas, y eso fue muy revelador.
Fue, en realidad, un proceso muy placentero. Para la película que estoy haciendo ahora incluso cambié de cámara, motivado por las ganas de seguir explorando el trabajo de postproducción, sobre todo el color. En cuanto al sonido, la solución fue la paciencia: aceptar que había cosas imposibles de rescatar y que el sonido ambiente era inevitable. De nuevo, la clave fue abrazar los errores. Esta película tiene la imperfección como parte de su propio material, y en lugar de ocultarla, la incorpora y la celebra.”
Tras un recorrido breve pero intenso por el circuito de festivales, “Ensayos y errores” tuvo su estreno internacional en el Festival Metropolitano de Cine, en Medellín, Colombia, donde Ignacio Rojas Vallejo fue distinguido con el premio a Mejor Dirección en la sección Central. La película tuvo su estreno comercial en salas chilenas el 6 de noviembre en el Cine Arte de Viña del Mar, para luego continuar con funciones en distintas ciudades del país —entre ellas Arica, Antofagasta, Coquimbo y La Serena— acompañadas de cineforos y conversatorios junto al director gracias a la distribución de MIRADOC.
Puedes revisar toda la programación de funciones en https://miradoc.cl/ensayos-y-errores/