Imágenes que cuidan y resisten: Comentario de las obras en competencia de cortometrajes regionales FESTYMD 2025
En esta quinta versión del Festival de Cine de Mujeres y Diversidades (FESTMYD), la competencia de Cortometrajes Regionales se consolida como un espacio fundamental para re-pensar la maternidad, los cuidados y las identidades disidentes desde miradas que tensionan los discursos hegemónicos. Las obras seleccionadas revelan conflictos íntimos y colectivos que suelen permanecer ocultos: violencias institucionales, memorias fragmentadas, vínculos que resisten, cuerpos que se narran desde el margen y genealogías afectivas que expanden las nociones tradicionales de familia. Con lenguajes que van desde la ficción y la animación, hasta el documental y el ensayo cinematográfico, estas obras construyen un panorama donde la maternidad aparece como una experiencia múltiple, compleja y profundamente política.
“Dos horas” (2024)
En “Dos horas” (2024) dirigida por Valentina Cabeza Kuhlmann, desde la ficción se reconstruye el 27F desde la perspectiva de una mujer cuya autoridad profesional se ve puesta en duda, justo cuando su conocimiento podría salvar vidas. El cortometraje sigue a Camila Zúñiga, oceanógrafa y madre, en el momento en que comprende la inminencia del tsunami. El relato ficcionalizado, reinterpreta hechos reales desde la experiencia femenina, subrayando cómo la jerarquía y el machismo condicionan la toma de decisiones, incluso en situaciones de emergencia.
La obra es un ejemplo de la tensión entre maternidad y profesión, como un territorio donde las violencias no siempre son explícitas, pero sí determinantes. La cámara acompaña a Camila mientras intenta ser escuchada por una estructura institucional que la percibe con sospecha por su género y su rol de madre. Ese desplazamiento entre oficinas y pasillos, amplifica la sensación de impotencia, convirtiendo el montaje en un recurso narrativo que evidencia el choque entre conocimiento experto y prejuicios estructurales.
Las juradas reconocieron el trabajo técnico de esta película, otorgándole el premio a Montaje, destacando cómo su estructura rítmica intensifica la tensión del relato y subraya la urgencia emocional que sostiene la historia.
“Más vale tarde que nunca” (2024)
“Más vale tarde que nunca” (2024), es un cortometraje dirigido por Catalina Sandoval Hidalgo, inicia con una fotografía de la niñez que abre una herida persistente. La directora despliega un ensayo íntimo, donde el archivo personal se presenta como un territorio emocional cargado de duelo, vergüenza y culpa. La imagen del pasado desencadena un ejercicio de memoria que no busca respuestas definitivas, sino la posibilidad de narrar un dolor silenciado.
El film se sostiene en lo político de lo íntimo. Su voz en off avanza entre lo que se muestra y lo que jamás podrá mostrarse del todo, encapsulando la dificultad de nombrar tanto al agresor como al recuerdo. El gesto de la directora configura una aproximación ética y sensible a la memoria personal, donde narrar se convierte también en cuidado hacia sí misma.
Las juradas otorgaron una Mención Especial a esta obra, destacando su valentía al explorar una experiencia traumática desde una intimidad que se transforma en acto de resistencia y de reivindicación subjetiva.
“Días de verano” (2025)
En “Días de verano” (2025), ficción dirigida por Fiora Salas-Román, una madre y su hijo se esconden en una casona rural intentando escapar de un pasado que no cede. La llegada del cuñado en busca de su hermano desaparecido, fractura la estabilidad del refugio y abre un conflicto donde la violencia masculina se cuela entre silencios y rutinas. La obra habita el espacio rural como territorio emocional cargado de tensiones y atmósferas opresivas.
En este caso, el cortometraje desarrolla la maternidad como un lugar de protección firme, pero frágil, donde la protagonista sostiene la crianza en un contexto de amenaza permanente. La narrativa de la obra se apoya en la sensibilidad de las imágenes, las cartas y la música, para revelar el estado emocional de una madre, cuyo mundo interior se articula entre el miedo y la determinación de proteger a su hijo.
El festival premió la Dirección de Arte de “Días de verano”, valorando la capacidad de su propuesta visual para construir un espacio rural simbólico donde se condensan las tensiones afectivas y la persistencia del peligro.
“La casa, el lago y el trigo” (2024)
“La casa, el lago y el trigo” (2024), documental dirigido por María José Rojas Olivares, encontramos un registro de escenas de la vida cotidiana de los abuelos de la directora en un paisaje rural. A través de imágenes sencillas y conversaciones íntimas, la película revela un espacio afectivo marcado por la oralidad, la memoria y el tiempo compartido. La cámara se inserta de manera delicada en el hogar de los protagonistas, convirtiendo el acto de filmar en un gesto de amor.
El cortometraje establece la memoria familiar como forma expandida del cuidado. Los pequeños gestos, barrer, cocinar, conversar, se convierten en un archivo emocional que celebra la continuidad del afecto entre generaciones. En la obra, filmar es preservar, y preservar es honrar un modo de vida que sostiene la pertenencia y el cariño.
Por su notable sensibilidad visual, la obra fue distinguida con el premio a Dirección de Fotografía, destacando la claridad con que sus imágenes retratan la intimidad rural como un espacio vivo de memoria y afecto.
“Quimera” (2024)
“Quimera” (2024), dirigida por Martín André y Gael Jara en Santiago, es una obra de no ficción, sigue a una persona no binaria que, al ver en televisión la entrega del primer carnet no binario del país, decide iniciar su propio trámite legal. La película acompaña al protagonista en un viaje entre oficinas, pantallas y documentos, revelando los límites institucionales de un sistema que, aunque avanza, continúa atrapado en categorías rígidas.
La mezcla de elementos poéticos, sensoriales y documentales construye un recorrido kafkiano donde la burocracia estatal se vuelve una experiencia emocional compleja. El diseño sonoro y los fragmentos de recuerdo expanden la vivencia de la protagonista, iluminando cómo el reconocimiento administrativo involucra lo corporal, histórico, biográfico y memoria.
El festival reconoció el aporte sonoro de esta obra, otorgándole el premio al Diseño Sonoro, que subraya la experiencia emocional que habita en el tránsito entre identidad vivida e identidad registrada por el Estado.
“Arrebato” (2025)
“Arrebato” (2025), dirigida por Martina Riveros fue la representante de animación en la competencia. En este caso, nos encontramos con Agu, un niño imaginativo cuya habitación es invadida por manos monstruosas que amenazan con arrebatarle sus pertenencias y su peluche Pochi. Con un estilo animado y dinámico, se nos presenta una fábula sobre el miedo infantil y los afectos que sostienen la seguridad emocional.
La obra convierte la imaginación infantil en un territorio simbólico que enfrenta riesgos, donde las invasiones externas representan temores, presiones y violencias que las infancias muchas veces no pueden nombrar. La animación permite traducir estos afectos en imágenes sensibles y legibles para espectadores de cualquier edad.
La película fue premiada en Producción, destacándose la solidez con que su equipo construye una presencia visual que sostiene de manera efectiva un relato emocional de que pasa de la imaginación a la vulnerabilidad.
“La sombra del querer” (2024)
“La sombra del querer” (2024) ficción dirigida por Ale Gálvez sigue a Marta, una mujer en situación de calle que sobrevive mediante estafas telefónicas mientras sueña con reencontrarse con su hija. La obra utiliza el blanco y negro para subrayar la crudeza de la soledad y el desarraigo, construyendo un retrato íntimo, de una maternidad suspendida entre el anhelo y la imposibilidad.
La película se centra en una maternidad marcada por la ausencia y la exclusión, mostrando cómo Marta se mantiene emocionalmente ligada a su hija pese a las condiciones adversas que enfrenta. Su recorrido urbano, cargado de sombras y silencios, refleja un mundo que le impide ejercer el cuidado, pero no sofoca la persistencia del amor materno.
Esta obra fue una de las grandes destacadas del festival, recibiendo tres reconocimientos: Guion, Dirección y Mejor Intérprete para Paula Dinamarca. El jurado destacó la profundidad emocional, la construcción narrativa y la potencia interpretativa que movilizan un retrato que transita la vulnerabilidad y resistencia.
“De madres, hijas y otras desobediencias” (2024)
“De madres, hijas y otras desobediencias” (2024), es un cortometraje documental dirigido por Francisca Lombardo Rubio y nos presenta relación entre Divina Tota y Azckito, dos artistas transformistas que comparten escena, memoria y afectos. A través de momentos como maquillarse, cantar juntas en la calle o recordar a las primeras madres drag, el film construye una genealogía afectiva que reivindica la familia elegida y las maternidades disidentes.
El uso de definiciones de la RAE en contraste con las imágenes subraya la incapacidad del lenguaje institucional para capturar la realidad de las experiencias proyectadas. La película celebra el transformismo como espacio de resistencia y comunidad, donde los vínculos se construyen desde la desobediencia, la ternura y el orgullo identitario.
La obra fue reconocida como la ganadora principal de la categoría por su apuesta narrativa y su tratamiento audiovisual innovador, capaces de acercar al público a una maternidad poco conocida pero profundamente cautivadora.
Imágenes que cuidan y resisten
En conjunto, las ocho obras conforman un panorama donde maternidades diversas, memorias dolorosas y vínculos disidentes se entrelazan para revelar un campo de experiencias invisibilizadas por el cine hegemónico. Cada película, con su propio lenguaje, ilumina silencios y al mismo tiempo, apuesta por nuevos modos de narrar la vida de mujeres, infancias y disidencias. De esta manera, FESTMYD se convierte en un espacio que amplía y enriquece el repertorio cultural, permitiendo que estas imágenes y relatos circulen para compartirse en comunidad.
Estas obras demuestran que el cine regional es capaz de explorar emociones densas, tensiones sociales y genealogías afectivas desde miradas comprometidas. La competencia reafirma que el cine hecho por mujeres y diversidades no solo visibiliza otras perspectivas de maternidad y familia, sino que también redefine las posibilidades del relato audiovisual contemporáneo. De este modo, la selección no solo es una definición curatorial, sino que actúa como un lente crítico, que permite a los públicos comprender y aproximarse, a la complejidad del cuidado, la vulnerabilidad y las resistencias.