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06 marzo 2026, 01:37 AM | Actualizado | Chile
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Juan Cáceres

Juan Cáceres, director de “Kaye”(2025): “Los sectores estigmatizados también están llenos de vida, amor y comunidad”

Juan Cáceres es oriundo de la ciudad de Santiago, criado en las periferias de la capital. Su gusto por el cine nace al descubrir que en la Universidad de Chile —donde él estudiaba— existía esa carrera, ya que, al igual que muchas chilenas y chilenos que no crecieron insertos en las culturas, no sabía que el cine era una carrera que se podía estudiar. En sus años en la escuela fue descubriendo y nutriéndose de grandes del cine y, cuando le tocó comenzar a crear, se dio cuenta de lo mucho que su propio entorno lo nutría en su creatividad.

El director comienza a explorar su creatividad relatando historias que para él siempre fueron muy cercanas. Lo popular, la música urbana y las realidades sociales fueron de gran inspiración, y algo que veremos retratado en sus películas y guiones. En 2016 estrena su primer cortometraje Desiderio”, una ficción que retrata la historia de un hombre y su perro mágico. Los encuentros afortunados —y no tanto— serán algo que marcará el cine del director.

En 2019 estrena su primer largometraje Perro Bomba”, que relata la vida de Steevens, un inmigrante haitiano que debe sobrevivir a la xenofobia inmersa en Chile. Esta película marca una verdadera huella en lo que Juan quiere mostrar como cineasta: mundos que suelen quedar fuera de la esfera privilegiada del cine o que no se retratan de una manera real. Esta película fue ganadora del premio del público en el Festival Internacional de Cine de Viña del Mar, recibió una mención especial en el Festival Internacional de Cine de Guadalajara y obtuvo el premio a Mejor Actor (Steevens Benjamin) en el Festival de Cine de Málaga, entre otros reconocimientos.

En su trabajo más reciente, “Kaye” (2025), el director relata la vida de Yeka, una chica que vive en la toma Las Loicas, en la comuna de Cartagena, en la Región de Valparaíso. Esta adolescente es la hermana del cantante urbano Benji, y la historia nos muestra cómo debe atravesar una dura pérdida a manos de su propio entorno. La cinta nos muestra en un tono cercano y bastante realista, la cruda, pero también tierna y humana realidad de las juventudes dentro de los sectores más postergados de nuestro país. Desde una perspectiva innovadora, podemos tener un acercamiento a lo que se siente ser la hermana menor de un cantante que está “pegado” en la gran escena urbana de Chile.

En esta ocasión, tuvimos la oportunidad de hablar con Juan Cáceres, quien nos relató un poco cómo llegó a la creación de este guion, de dónde viene su entusiasmo por narrar estas historias y cómo ha sido para él y para todo el equipo estrenar esta película en la 21º edición del Santiago Festival Internacional de Cine (SANFIC).

– En primer lugar, ¿de dónde nace la idea de retratar un tema tan actual y vigente como la quizás mal llamada “narcocultura” inserta en la música urbana? ¿Cómo fue el trabajo de “investigación” que tuviste que hacer para escribir el guion y crear los personajes?

“Bueno, es una pregunta compleja… Para mí el acercamiento al cine no es tan pensado, no busco dar siempre un mensaje ni tener un enfoque antropológico o sociológico. Simplemente relato lo que pasa en mi entorno. Siempre he vivido en sectores populares y, cuando salgo a la calle, veo esto: personas, chicas caminando, niños soñando con ser cantantes, jugando con pistolitas de juguete.

En el litoral central, donde grabamos la película, se ven también estas familias, estos matriarcados que resisten en la toma o fuera de ella, que escapan del canon más tradicional y capitalino. En la capital también existe una periferia, totalmente ignorada o mostrada solo desde la crónica roja, de ahí surge la idea, de lo que estaba pasando en mi entorno, de la música que sonaba en los parlantes del vecino.

Esta idea originalmente se me ocurrió incluso antes de comenzar a escribir el guion. Me crié escuchando a Chayanne, Juan Gabriel, salsa; esos son mis referentes y me encantan. Esa parte de la cultura que me rodea y sigue viva, eso me atrajo mucho en la música urbana: su impacto, cómo se convirtió en música de niños, migrantes, de la gente en Chile. 

La música menos popular a veces se aleja de esos referentes que contaban realidades, como la flamenca (acá llamada gitana), la salsa (Juanito Alimaña, por ejemplo) o la cumbia villera. Grupos que, en sus letras, relatan la sociedad, sobre todo la de los sectores más postergados. Ahí me di cuenta de que los cabros en la música urbana cantaban sobre sus vivencias: su vida, crianza, familia, la pega que habían hecho. Eso me atrajo y de ahí surgió la idea original para este película

Luego conocí a Pablo Chill-E y a su hermana. De hecho, al final de los créditos hay una pequeña dedicatoria a Javiera, la hermana de Pablo, que fue parte de la inspiración para el personaje protagonista. Ahí entendí cómo es ser hermana de un cantante que está “pegado” y cómo eso también te afecta, con lo bueno y lo malo”.

– En tus películas existe un gran acercamiento a las marginalidades y muchas veces a las adversidades que estas personas deben pasar en entornos hostiles. ¿De dónde vienen esas ganas de retratar eso en tus guiones y películas?

“Bueno, yo digo que no soy academicista, pero igual investigamos mucho. No desde libros, sino desde la calle: conversando con personas, escuchando vivencias. Yo creo que ese tipo de investigación puede ser más fuerte porque es meterse en la vida real, hablar directamente con la gente.

Mi trabajo siempre ha estado ahí, en la calle. He dirigido dos largometrajes y varios cortometrajes —algunos aún no estrenados—, todos centrados en personas al margen: mi primer corto fue sobre alguien en situación de calle, luego hice otros con Alfredo Castro y Steven sobre migrantes y otro sobre niños del Sename.

Yo entré al cine casi por azar. Mi familia no tenía una tradición cultural fuerte y no tuve mucho acceso al cine. Cuando entré a estudiar, sentí un resentimiento al ver que mis compañeros tenían un bagaje enorme, habían viajado, leído mucho. Ese resentimiento lo transformé en inspiración

Con el tiempo me influenciaron corrientes como el neorrealismo italiano, el nuevo cine latinoamericano, Víctor Gaviria, Jorge Sanjinés, Ospina, Mayolo, entre otros. Eso me empoderó para plantear estas temáticas. 

Al final, esos espacios a los que me acerco están estigmatizados, pero también están llenos de vida, de amor, de comunidad y de colaboración.  Obviamente hay conflictos, como en todos lados, pero cuando hicimos el casting para “Kaye” en Cartagena la gente nos decía: “Bueno, quedo o no quedo, cuenten conmigo igual”. Esa generosidad me marcó.

En “Perro Bomba”, por ejemplo, muchos dicen que el final es triste. Yo lo veo distinto: el personaje encuentra un lugar donde es acogido, aunque esté al margen de lo legal. Es estar acompañado, mostrar que hay cariño incluso en las periferias. En esta película también quisimos retratar eso, el afecto que existe en las tomas y en las poblaciones, un apañe que quizás no siempre es lo más legal o positivo, pero que es real y profundamente valioso».

 

Kaye

 

– Es impactante relatar este tema desde la perspectiva del personaje principal, en su camino por aceptar su entorno y su realidad. El tema es potente: las drogas, la música, las tomas. ¿Qué aprendizaje te llevas tú como director de esta película y qué aprendizaje quieres entregar a las audiencias desde esta perspectiva?

“Personalmente siento que, en el cine que se grababa en las poblaciones, pero que viene de otro lado —con algunas excepciones—, sobre todo de la generación más reciente, los directores suelen salir de barrios céntricos y grabar en lugares más desfavorecidos. Eso dejaba en evidencia cierta lejanía con las historias que retrataban. Me di cuenta de que tenían la intención de dar un mensaje y usaban esas realidades para plantear una historia pero muy se siente esa lejanía.

A mí eso me cargaba, porque soy fanático de Raúl Ruiz y desde que leí Las Poéticas del Cine, recién comenzando la carrera, me quedó muy grabado que las películas no entregan un único mensaje, sino muchos, y pueden habitarse de diversas formas. Lo principal de una película no es darte una verdad, sino que el espectador genere, a partir de los estímulos, su propio mensaje.

Pensando en las tres exhibiciones que hemos hecho —incluida la de Italia—, creo que pasa algo similar a lo ocurrido con “Perro Bomba”. La gente me decía: “Yo veo a personajes como estos en las noticias o cuando paso por fuera de una toma, pero nunca había entrado, nunca había visto cómo es vivir ahí cotidianamente”. Eso es quizás lo que la película puede entregar, más que un aprendizaje. Ese es el valor de nuestro cine: mostrar realidades que muchas veces se quedan fuera de la pantalla.

Esto me hace mucho sentido en relación con el cine que hago. Claro, no son documentales, pero como dice Víctor Gaviria, sí son documento. Para mí eso es fundamental, y creo que “Kaye” permitirá hacer una radiografía de los sectores populares: la música urbana, las tomas, las familias que buscan sobrevivir, el trabajo informal.

Más allá de un aprendizaje, se trata de un acercamiento. La gente que participó en la película estaba muy feliz de estar ahí, de ver su población en pantalla, de reconocerse. Y se nota cuando la comunidad se ve representada. En lo personal, siento que no soy quién para dar una enseñanza. En este guion jugué mucho con la ambigüedad, al punto de negarme a aclarar ciertas cosas. Siempre quise que tuviera los mismos códigos que una persona del barrio: que no lo explica todo, que da por asumidas algunas cosas.

Para mí no es importante dejar todo claro. El centro de la película no es decir si trabajan en algo o no, sino mostrar cómo la protagonista, la Yeka, comienza a abrirse al mundo y a comprender los misterios que la rodean, esos que enfrentamos al crecer en nuestro entorno e intentar responder preguntas que nadie nos quiere decir”.

– ¿Cómo fue el trabajo con los actores? ¿Cómo llegaste a estos jóvenes y cómo fue para ti, como director, lograr que tuvieran un buen desempeño y se adecuaran al trabajo delante de las cámaras?

“En la escuela de cine siempre te dicen que trabajar con animales o con niños es lo más difícil. En nuestro caso, lo que nos benefició fue haber hecho un trabajo muy minucioso que comenzó en 2020.  Durante abril y mayo de ese año realizamos la primera convocatoria masiva junto a mi colaboradora más cercana, Katty Luke —habitante del litoral, asistente de dirección y también escritora e investigadora durante el proceso—.

Ella ha sido mi segunda mano en todo lo que hemos hecho hasta hoy. Juntos formamos una productora en el litoral central junto a otras amistades. En ese casting conocí a Antonella Bravo, la actriz que interpreta a Yeka, y que entonces tenía ocho años. Era plena pandemia, así que realizamos audiciones online. Apenas la vi pensé: “¡Guau, esta niña tiene una inteligencia enorme para entender lo que un director le pide!”.

Aprendí también, sobre todo en “Perro Bomba” —protagonizada por un elenco debutante—, que la actuación en cine y en teatro son muy distintas, incluso de naturaleza opuesta. Desde 2020 conocimos además a Pascal, que interpreta a la niña que luego adquiere mayor protagonismo, y a la actriz que encarna a Nadia. También se sumó Valentina, la más pequeña, que tenía apenas cinco años. Como nosotros somos de allá, los vínculos se dieron naturalmente: nos veíamos seguido, compartíamos, tomábamos once, conocíamos a sus familias. Esa cercanía fue clave.

Las directoras de casting, Constanza Langenbach y Antonia Pino, cumplieron dos roles principales durante el rodaje, acompañaron a las niñas en todo momento, dándoles un espacio propio donde podían jugar, distraerse y prepararse para cada escena; y además ayudaron a armar el casting de actores con trayectoria, como la Pola (Lattus), Paula Dinamarca y Roberto Cayuqueo. Aquí sí hubo un sesgo de clase: elegimos personas con experiencia en sectores no tan céntricos, y que tuvieran la generosidad de compartir set con las niñas y con Benji, que debutaba.

Hubo paciencia. No me refiero a que el proceso fuera más lento, sino a entender que en cine muchas veces “no hay que actuar demasiado”, a diferencia del teatro. Eso cuesta asimilarlo al inicio, pero es fundamental. Siempre repetía una frase que me encanta: “Los guiones de fierro se oxidan”. Es decir, hay que ser flexibles y estar abiertos a que el guion cambie en el momento, cuando algo ocurre frente a cámara.

Así se concretó el elenco. Lo principal fue esa relación humana que generamos con las niñas y con sus familias, que hasta el día de hoy perdura. Ellas son de allá, del litoral. Antonella y Pascal viven en la toma “Camino a la Esperanza”, en los cerros de San Antonio- Cartagena, que alberga a más de 10.000 familias. Por eso el elenco refleja tan bien la cercanía con el territorio y con la gente real de esos espacios”.

– ¿Cómo ha sido la experiencia en SANFIC? ¿Cómo ha sido para el elenco participar en el festival, verse en pantalla grande? ¿Qué se viene para Kaye? ¿Dónde y cuándo se podrá ver?

Ha sido un sueño. Esta peli la hicimos tan lejos del mundo del cine que ahora verla proyectada y sentir que se cierra el ciclo es precioso. Estamos muy felices, con mucha emoción. Antonella incluso pudo viajar con nosotros a Italia. Nunca había subido a un avión y llegó con la ilusión de prepararse, buscar un vestuario y asistir a estos eventos. Para ella ha sido muy especial conocer gente que admira, personas que había visto solo en la tele o en fotos. Fue algo realmente lindo.

Estamos felices también porque esta película tiene algo que, para bien o para mal, es muy chilena. Cuando la proyectamos en una sala con público local, la película respiraba. La gente entendía el habla, incluso lo que podría sonar flaite, y eso le daba un sentido especial, sentimos que la película tiene su lugar en Chile.

“Kaye” tuvo su estreno mundial en el Festival de Cine de Giffoni, en Italia, y luego su estreno nacional en la 21° edición del Santiago Festival Internacional de Cine (SANFIC). La película seguirá su recorrido en festivales, presentándose el jueves 28 de agosto en la selección oficial del Festival Internacional de Cine Infantil y Juvenil Ojo de Pez, para finalmente tener su estreno comercial en salas chilenas el 23 de octubre de este año.

Comments

  • 01/09/2025
    Francisca

    Excelente entrevista!

    reply

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