“Memorias de un cuerpo que arde” de Antonella Sudasassi (2025): una experiencia universal.
Mis dedos se mantienen inmóviles en el teclado. El documental “Memorias de un cuerpo que arde” (2025) de Antonella Sudasassi lleva un rato detenido en mi computador. Recorro la habitación con los ojos buscando alguna palabra. Tengo la mente revuelta y las palabras atoradas en el tobogán estrecho que va de mi cerebro a mis manos. Me detengo en una fotografía familiar cercana. Mi mamá y mis hermanas me miran de vuelta sonriendo. Un momento tan lejano, ya ajeno, pero tan familiar. Tan profundamente trascendental sobre quién soy, quienes somos. Una fotografía de otro tiempo, que camina en el presente.
El documental sigue la historia de vida de Ana (68), Patricia (69) y Mayela (71), voces que se unen en una sola protagonista ficticia para reflexionar sobre lo que significa existir como mujer, los roles que han cumplido, la trayectoria de su sexualidad y la vida que llevan ahora.
Para lograr una historia cohesiva, se genera una puesta en escena común y familiar, lo que permite experimentar cercanía a lo que va contando la protagonista, quien así logra unir sin esfuerzo las distintas voces que componen esta memoria universal.
De esa forma, la cinta profundiza en la experiencia común de mujeres que crecieron en el siglo XX, un vistazo muy marcado de la época, presentando las normas y expectativas que se esperaban del género en esos tiempos. Y, al mismo tiempo, se va tejiendo una narración capaz de atravesar a miles de generaciones de mujeres hasta la actualidad.
El relato no se cohíbe en cavilaciones, da rienda suelta a las anécdotas, pero también a la reflexión sobre ellas. La búsqueda de respuestas, los cuestionamientos, la rebeldía retraída; el ímpetu de comprender lo que es ser mujer cuando todos quieren cerrar las puertas, encerrarnos en ellas. Entra en lugares pantanosos, con una luz y una pala, habla de la violencia en las relaciones amorosas, en las filiales, en las laborales y en cómo el sistema en el que está construida la sociedad la permite, la acepta y la avala.
Este documental se alza como un sereno grito, donde la edad y el tiempo empujan el camino a la liberación, a reconocerse y defender la humanidad desde las cajas donde se apilan los recuerdos, para resguardar los espacios que nos pertenecen y desafiar lo impuesto al recuperar la sexualidad como algo propio y no como el objeto de otro.
Entrañable, abrasador y trascendente, las palabras que aletean en mi cabeza no son suficientes para describir lo que significa este documental para la lucha que muchas mujeres tenemos todos los días. “Memorias de un cuerpo que arde” nos recuerda que no es por una, ni dos, es por todas nosotras.
La cinta llegó a los espacios de exhibición de la “Red de Salas de Cines de Chile” en el contexto de su programa “Estrenos en RED 2025”.