Paula Rodríguez Sickert, directora de «Memoria implacable» (2024): “No hay resentimiento ni sed de venganza. Hay dolor y amor”
Paula Rodríguez Sickert cuenta con una larga carrera en el periodismo del registro que ha plasmado en su cine, es autora de “Volver a vernos” (2002), “Isabel Allende” (2007) documental biográfico y “Jaar, el lamento de las imágenes” (2017), su filmografía se concentra en el estudio del ser humano a través del archivo e invitan a reflexionar sobre la importancia del mundo interior de cada uno de sus protagonistas.
“Memoria implacable” (2024) es su cuarto largometraje, en el cual sigue a Margarita Canío Llanquinao, académica mapuche. Sus estudios la llevan a visitar las tierras donde hace más de 100 años se mantuvo retenido a cientos de mapuches que sin saberlo, serían engañados y consecuentemente, desalojados de sus tierras para no volver jamás.
Los esfuerzos del gobierno chileno y argentino, darían paso a una historia que, si no fuese por proyectos como este, se mantendrían cautivos en la oscuridad. En las propias palabras de uno de los entrevistados, la sangre coagulada entre los cerros se mantendría ahí, inmovil e inidentificada. De manera paralela, a la cinta le acompaña el escrito de Katrülaf, un sobreviviente del genocidio que registró el modus operandi de los militares, ambas lineas de tiempo componen a Mariachi Tukulpan.
El documental recopila archivos recónditos del periodo, contribuyendo así para validar las historias de persecución que existían únicamente gracias al boca en boca, los ancianos contaban a sus familias sobre la gente que quedó atrás. Si la brutalidad de la ocupación era desconocida, más aún eran las memorias sobre los que no sobrevivieron, que murieron de hambre, humillados e inundados por un sentimiento de impotencia ante el trato que recibían sus familias y amigos.
Las fotografías recuperadas muestran rostros implacables, ojos oscuros que miran de vuelta al espectador como imponiendo su presencia. Aunque solo podemos ver una instancia paralizada en el tiempo, la oposición al captor es palpable. Margarita Canío Llanquineo transcribió 3000 páginas manuscritas, sus esfuerzos reconstruyen la identidad como una forma de resistencia necesaria para mantener viva la condición humana del pueblo mapuche.
En esta ocasión, en Bitácora de Cine pudimos conversar con la directora, quien nos entregó detalles sobre su más reciente obra.
La selección de la historia y su proceso de trabajo
– Debido a la vasta cantidad de relatos indígenas presentes en el manuscrito del etnólogo Roberto Lehmann Nitsche, y aún con el trabajo realizado por Margarita Canío Llanquineo de filtrar testimonios, escoger una historia central que encauce el documental debe haber sido abrumante. ¿Cómo fue el proceso de selección para llegar al relato de Katrülaf? y ¿Qué es sobre su manera de recontar los hechos, que logra capturar el desconsuelo del pueblo mapuche y por lo tanto, transportar de manera tan efectiva al espectador?
“Eran veinticuatro personas que le dieron sus testimonios a Robert Lehman-Nitsche, pero, el único que le contó su autobiografía fue Katrülaf. Era el único porque a los antropólogos de esa época les contaron fábulas y esto otro, pero el que decidió contarle su vida es Katrülaf, entonces bastante pronto decidimos que él iba a ser la persona adecuada. Hay otros testimonios, pero es el más desarrollado.
Es muy bonito. Decidimos por él porque abarca aproximadamente el 60% del libro. Después hice una síntesis para el guion cogiendo los trozos que lograran abarcar lo suficiente para hacer una película de noventa minutos y que a su vez logren dar una línea de eje narrativo, que era esta ruta de deportación.
(Sobre Katrülaf) Él perdió a toda su familia, lo separaron de su territorio. Es lo mismo, se repite a lo largo de la historia del ser humano, del horror y de alguna manera, Katrülaf, yo creo, que era un artista que necesitó contar esto para tratar de entender ese horror. Para nosotros también esta película es una manera de sanar, de ver y de visibilizar. La gente no sabe esto y es el fundamento de nuestros estados, en el cual se cometieron estos crímenes. Es muy fuerte.
En lo que respecta a la realización, con Margarita (Canio Llanquinao) me encontré en el 2017, ha sido un proceso muy largo de investigación. En ello tuvimos que dedicarnos a la escritura, ir a Argentina a buscar los archivos para revisarlos, ir a filmar en medio de una pandemia, entre otras tareas.
Colaboraron muchas personas, entre ellos mapuches, chilenos, argentinos, alemanes. Se trabajó con una extrema rigurosidad y con una entrega muy espiritual. Bueno, el resultado es que sentimos que se le está escuchando a él (Katrülaf), que de alguna manera representa a todos los sobrevivientes y ese dolor que vivió el pueblo mapuche.
Si trabajas tantos años con una persona y lo traes a la vida, es un proceso para un artista, como yo y el equipo, que es muy fuerte, y ahora nosotros decimos “¡Katrülaf! ¡Lo están escuchando en Valdivia, lo están escuchando en La Serena, lo están escuchando acá!”. Es maravilloso, haber hecho un acto súper mágico y espiritual. Hay algo acá que contiene a Katrülaf, con amor y con delicadeza en este relato, no hay resentimiento, ni sed de venganza, no hay reproche. Hay dolor, hay amor
– Teniendo en cuenta que Katrülaf es solo uno de tantos casos donde se despojó de su identidad a los mapuches ¿Cuál es otra historia con la que te encontraste durante el proceso de investigación que te conmovió pero que por temas mayores no aparece en la versión final de la película?
“Yo creo que en ese mismo libro se podrían tomar otros relatos y seguir hablando de esto. Además, que yo no soy la primera, me inspiré en académicos mapuches que han hablado de esto. Es imposible hablar de un conflicto si no vas al origen del problema.
Si te das cuenta, durante la película, todos cuentan alguna historia: la profesora, los tipos que se rompían los talones con las cadenas, Don Belisario y la sangre coagulada en las montañas. Hay imágenes que cada uno va recolectando, relatos que se cuelan y una memoria oral”.

«Memoria Implacable» (2024), dirigida por Paula Rodríguez Sickert
La construcción de la confianza
– La amplia censura que existe sobre lo acontecido, tanto en Argentina como Chile, se vuelve aún más aparente cuando nos enteramos que los lugares donde se les retuvo de manera forzosa es información nueva incluso para los propios descendientes de las personas que protagonizaron esta crueldad. Una vez que se le comunicaba a los entrevistados sobre las torturas que tomaron lugar en sus terrenos, al apagar las cámaras ¿Existía un espacio donde se pudiese procesar y/o conmemorar junto a la comunidad, el peso de las cosas que se les informaba, más allá de las conversaciones que vemos en pantalla?
“Sí, suceden muchas cosas fuera de cámara que no están ahí, nosotros nos quedamos ahí, hacemos convivencia con ellos, después uno apaga las cámaras y estas con ellos. No es llegar y prender una cámara, es mucho tiempo de estar construyendo confianza, por ejemplo, el lugar donde filmamos con Don Belisario, yo habré ido una diez veces antes, Margarita lleva años yendo para allá. Tú te encargas de crear esa confianza”.
– El trabajo y dedicación de Margarita Canío Llanquineo en su libro y este documental es impresionante, me alejo de esta experiencia admirando profundamente su conocimiento ¿Qué ha sido lo más interesante que has aprendido sobre ella durante todo este proceso, ya sea relacionado al tópico del documental o sobre ella como persona?
“A mí lo que me encanto es que hubiéramos podido trabajar, siendo ella mapuche y yo chilena, y que lo que nos unió era el deseo de contar esa historia, de él, el respeto por Katrülaf, el respeto por ese relato. Sentí la necesidad de que había que contar esto, aunque venimos de dos mundos, pero también en la película se demuestra que se puede colaborar, se puede trabajar con fundamentos, se puede convivir, escuchar, respetar, hacer algo al respecto. Hicimos una película juntas, resistimos ocho años, mantuvimos esta comunión entre las dos, yo manejando el oficio del cine y ella apoyando en todas las asesorías históricas”.
– Las tomas de detalle son sumamente importantes en esta película, nos ayudan a asimilar la importancia de la naturaleza y el apego espiritual que significa para el pueblo indígena. ¿Fue una coincidencia recurrente verse atraído a la imagen del caballo, o fue un elemento central desde pre-producción?
“No existe el azar, yo estudié arquitectura y no sé cómo trabajarán otros documentalistas, pero yo trabajo con un análisis del contexto igual que los arquitectos y después hago los planos y construyo. Todo lo que está filmado, está en un guion y se planificó para ser rodado. El guion se desarrolló durante años, estaba todo pensado, no hay nada improvisado. La figura del caballo es porque, bueno los llevaban en mula, él (Katrülaf) cuenta, y también porque el caballo es una figura súper importante para el mapuche, porque así se resistió contra la corona española durante trescientos años, eran excelentes jinetes”.
El desafío colaborativo
– Para poder contar esta historia de la manera que lo hiciste, recopilando archivos inéditos o visitando locaciones remotas que los llevaron a recorrer Argentina, Chile y Alemania, la concepción de este proyecto implica retos de producción y presupuesto. Paula, al recordar tus primeras ideas sobre este documental ¿Cuál es el desafío logístico que más te enorgullece haber podido conquistar?
“Yo creo que el mayor mérito de esta película es la persistencia a lo largo de mucho tiempo. El apoyo de la productora de esta película, Paola Castillo, que yo creo que es una de las mejores productoras de Chile, quien ha estado detrás de este proyecto en coproducción con Gema Juárez (Gema Films) de Argentina. La colaboración con Gema Films también nos permitió trabajar en la mezcla de sonido y la banda sonora de la película, que es fundamental, la cual fue realizada por un compositor argentino.
La película tuvo muchas etapas de trabajo y de ir perfeccionado el guion con asesorías. También había un equipo mapuche que se ocupó de toda la traducción de los textos, de Margarita, de Katrülaf al español, de los subtítulos. Había mucha gente trabajando por años, entonces la película tenía mucha rigurosidad, porque estábamos abordando un tema tan importante que no podíamos no ser rigurosos.
Después tuvimos que conseguir los archivos, los permisos con Alemania, con museos, entre otros. Son muchos niveles de trabajo con muchas personas, lo importante es que se tuvo que hacer todo con mucha rigurosidad y meticulosidad, yo creo que la película tiene mucho cuidado.
Es mucha resistencia en el tiempo, constancia, pero nunca dudamos si valía la pena, sabíamos que el esfuerzo era noble, porque el texto de él era noble, las imágenes son nobles, como que todo esto te mantiene, tenía que dar lo mejor de mí.”
– Finalmente, dirigiéndonos al público que no cuenta con mucho conocimiento sobre el pueblo originario y sale de una función de “Memoria implacable” con ganas de aprender más, ¿Qué obra artística chilena recomendarías para que pueda ahondar su entendimiento de la riqueza cultural con la que se caracteriza la vida mapuche?
“Para mi un gran apoyo para hacer esto fue Pedro Cayuqueo y su libro “La Historia Secreta”. Tiene dos volúmenes y lo leí antes, pero a veces volvía a él…Me acompañó.
Él es excelente, es conocido internacionalmente. Y así como él, otros mapuches están intentando reescribir la historia, porque la historia la escribieron estos relatos de estas campañas militares y religiosas donde fueron cómplices también, pero no se ha escuchado el relato de los vencidos, y, todo lo contrario, se ha silenciado”.
“Memoria implacable” ha sido distribuida a nivel nacional gracias a Miradoc, donde se estuvo exhibiendo por distintas salas del país durante junio. Puedes revisar aquí los espacios que cuentan con funciones.