Comercial | Escríbenos a:  CONTACTO@BITACORADECINE.CL
06 marzo 2026, 01:33 AM | Actualizado | Chile
Buscar...
FICValdivia

Raúl Camargo, director de FICValdivia: “Es un festival que se vuelve muy querible”

A días de iniciar su 32ª edición, el Festival Internacional de Cine de Valdivia, uno de los festivales de cine más importantes del país, se prepara para una versión histórica: más de 200 películas, 11 salas en funcionamiento y una ciudad que vuelve a convertirse en capital cinematográfica de Chile.

En Bitácora de cine conversamos con su director, Raúl Camargo, sobre la historia viva del certamen, sus transformaciones, su relación con el público y los desafíos curatoriales de 2025. “El festival se celebra todos los años, independiente de lo que suceda. Ese trabajo es también es una postura política”, afirma.

Entre la felicidad y la ansiedad

El equipo del FICValdivia se encuentra en plena cuenta regresiva. Desde el trabajo del Centro Cultural de Promoción Cinematográfica, Raúl Camargo transmite calma, pero también la energía propia de los días previos.

– Estamos ad portas de la 32ª edición del Festival. ¿Cómo se vive este momento dentro del equipo? ¿Qué sensaciones predominan después de más de tres décadas de historia del FICValdivia?

«Siempre con una mezcla entre felicidad y ansiedad, digamos, porque no queda nada. En general, las dos semanas previas del festival implican que ya está todo: los insumos del festival listos, el catálogo, el programa impreso, la página web, los invitados ya chequeados. Pero, por supuesto, siempre surgen otras coordinaciones que son importantes: seguir con la difusión, las piezas gráficas, esos detalles.

Es un momento muy bonito, porque corona un trabajo que se hace durante todo un año, que desarrolla el Centro Cultural de Promoción Cinematográfica, con una presencia fuerte en la Región de Los Ríos. Damos películas en Valdivia, visitamos otras comunas, impulsamos proyectos educacionales y científicos. Entonces este es un bonito momento, como un corolario de toda esa actividad anual.

Estamos como los futbolistas: tranquilos-nerviosos. Esperando también que el clima se abra. Ojalá nos acompañe el sol, pero que haya al menos un día con lluvia para tener la experiencia completa de lo que implica estar en Valdivia».

Las convicciones del tiempo

Con más de treinta años de historia, FICValdivia ha sobrevivido a crisis, cambios tecnológicos y transformaciones culturales. Para Camargo, lo que ha permanecido inmutable es su vocación de encuentro.

– A lo largo de estos años, el festival ha enfrentado múltiples transformaciones, desde lo local a lo digital, desde la precariedad de las primeras versiones al reconocimiento internacional. ¿Qué aprendizajes o convicciones se mantienen desde aquel Valdivia inicial hasta hoy?

«Yo creo que lo primero es que el festival tiene una línea social y política importante, entendiendo política como la polis, como la conjunción de la comunidad. En ese sentido, el festival está anclado en una región que tiene una alta movilización y participación social y, a su vez, en una ciudad con una raigambre universitaria muy potente. Por ende, implica una vida cultural y un debate de ideas muy potentes. Entonces el festival siempre tiene que estar a esa altura.

Hay que recordar que la Región de Los Ríos recuperó su cualidad de región. Esa cualidad de recuperar lo que se siente propio, a nivel administrativo, también fue una lucha ciudadana durante mucho tiempo, hasta que se logró. Entonces, en ese sentido, el festival tiene que estar a la altura de los debates ciudadanos, de las contingencias que van sucediendo en el mundo. Y por supuesto, eso desde una óptica de pantalla grande y artística. No somos un medio de propagación de ideas que vayan más allá de la lógica cinematográfica, sino más bien un pequeño puente entre las películas y la comunidad que las puede ver.

Lo que aprendimos, y que fue un momento de quiebre importante para todo el mundo y para los festivales en particular, pero en general para la cultura, fue lo que sucedió en la terrible etapa de pandemia. Nosotros rápidamente decidimos que el festival se iba a celebrar igual. Somos un festival defensor de la pantalla grande y sala de cine, que da películas con la última tecnología, pero también en VHS o 16 mm. Entonces hay un tema que tiene que ver con entender la importancia del reunirse a través de la pantalla grande. También la importancia de fondo tiene que ver con la importancia de reunir, de compartir, de congregar.

Eso nos hizo tomar rápidamente la decisión de celebrarlo de manera online, anunciar aquello y, a su vez, estrenar nuestra propia plataforma, Play FICValdivia, que existe hasta el día de hoy como reservorio de obras que han pasado por el festival. Ese fue un mensaje muy fuerte, porque independiente de los vaivenes políticos, económicos o culturales, el festival siempre se tiene que celebrar, independiente de lo que suceda.

Uno de los sellos más valorados del certamen es su relación con la comunidad valdiviana, algo que según su director no es casualidad, sino una decisión fundacional».

– En los últimos años, se ha visto un esfuerzo por consolidar la identidad del público valdiviano, pero también por atraer nuevas audiencias del resto del país y del extranjero. ¿Cómo definirías hoy la relación del FICValdivia con sus públicos?

«Lo que pasa es que los festivales, en general, surgen o nacen con la idea de establecerse en lugares más bien alejados de la capital, en cierta manera como ciudades balnearias. Cannes, Venecia… es una lógica de isla o de complejos turísticos, para qué la industria vaya a esos enclaves y se genere esta idea de viaje. En general, los festivales surgen donde la comunidad circundante no participaba tanto o era más bien anexa a esa lógica de industria.

Sin embargo, lo que empezó a hacer el festival con el Centro Cultural de Promoción Cinematográfica de Valdivia, fue justamente establecerse desde la idea de que estamos en un lugar específico, Valdivia, en la Región de Los Ríos, y acompañar ese crecimiento que siempre es constante. De la gente que nos visita, que no tiene la felicidad de vivir en Valdivia, y de la gente que sí vive acá.

De ahí la decisión de extendernos a una actividad cultural durante todo el año. El festival se entiende como una continuidad de esa actividad, no como un hecho aislado de la comunidad que solo sucede durante una semana. Con eso nos ha ido muy bien, porque se ha ido premiando esa idea.

Siempre es posible crecer, por supuesto, para que esa identidad no sea solamente el orgullo de la ciudad con el festival, pero sin participar, sino más bien un orgullo que nace desde la participación a lo largo de todo el año».

– FICValdivia se ha posicionado como un hito en el circuito de festivales y al mismo tiempo como un patrimonio cultural de la región. ¿Cómo se construye y se cuida ese doble reconocimiento?

«El festival se desarrolla durante siete días, este año en diez salas más el punto de encuentro, y tiene esa cualidad: es muy atractivo para quienes quieren ver películas, pero por supuesto también para quienes las hacen. Además de ser el festival que da más películas en Chile, es un festival internacional. Por ende, no podemos dar todas las películas que quisieran estar.

Hay una idea como de “pantalla caliente”, en el sentido de que la usabilidad de la pantalla o las propuestas para estar en Valdivia superan con largueza nuestras propias posibilidades y también nuestra línea editorial. Entonces, una de las cosas que hace el festival es cuidar su programación. Es un festival orientado hacia un tipo de cine no convencional, a nivel de su selección oficial, que intenta desmontar ciertas narrativas hegemónicas desde la ficción y la no ficción.

Pero a su vez se abre, en las muestras paralelas, a otras instancias que van desde el cine más experimental hasta el cine familiar, porque se entiende que el festival tiene que ser una suerte de cuerpo vivo. Una instancia donde distintas películas tengan cabida más allá de la competencia, que es la bandera del festival o la idea del cine que un festival quiere defender.

Entonces, un día puedes ver desde películas eróticas en VHS, pasando por largometrajes familiares para niños, hasta películas hechas por personas de las primeras naciones o micrometrajes con temas científicos y patrimoniales. Es muy variado, y esa es la forma que tiene el festival de cuidar su entorno. También entender que, para que sea una fiesta lo más masiva posible, la oferta tiene que ser amplia, no solo dar películas de una línea, sino expandir esa línea. Para eso están justamente las secciones paralelas».

– En términos curatoriales, ¿cuáles dirías que son los pilares de esta nueva versión? ¿Qué ideas o énfasis marcan el programa 2025?

«Una primera idea fue ampliar la programación. Cuando comenzamos las deliberaciones del equipo del festival, había películas que nos gustaban mucho y que no estaban quedando dentro, porque también la competencia es muy acotada. Por ejemplo, nos pasó en el caso de la animación.

El año pasado muchas salas del festival colapsaron a nivel de público, uno de esos problemas felices que uno tiene que resolver. Así que se hizo un re-estudio de salas para poner ciertas secciones en espacios más grandes y hacer enroques. A su vez, se agregó una sala: el Auditorio Hugo Campos, de la Facultad de Ciencias de la Universidad Austral de Chile, lo que nos permitió diversificar y agregar más contenido.

Uno de los contenidos que se agregó fue justamente Animamundi. Otro que teníamos hace rato ganas de establecer era una sección de comedias. Si bien el festival tiene varias comedias desperdigadas en distintas secciones, no había ninguna ancla que llamara al público a decir “estas son comedias”. En ese sentido creamos Con ánimo de humor, que responde a la necesidad de presentar comedias cinematográficas de largometraje, y que se darán de manera gratuita.

También mantuvimos una línea de trabajo que viene del año pasado: relevar el cine palestino. El año pasado se condenaban acciones de manifestantes pro Palestina en varios festivales del mundo, y nosotros decidimos hacer lo contrario. Este año lo mantenemos, con una muestra específica de cortometrajes en solidaridad con Palestina.

Así se ha ido armando un festival de manera orgánica. Es acotado, de lunes a domingo, y lo que intentamos es que se generen ciertas rutas posibles. Cada persona elige su propia ruta: hay quienes dicen “yo quiero ver primero cine chileno”, otros buscan la última película extranjera de Venecia o Locarno, y otros van a ver las de VHS o 16 mm. Algunos mezclan todo y generan su propia bitácora. Es imposible verlo todo, y eso también genera variedad».

La ciudad como una gran sala de cine

Durante una semana, Valdivia vive el cine. Cafés, librerías y calles se llenan de conversaciones cinéfilas, y las salas funcionan como un sistema nervioso que late al ritmo del público. Camargo sonríe al describir ese fenómeno.

– Más allá de la programación, el festival genera una experiencia cultural y afectiva muy particular. Lo mencionas en eso de “imposible verlo todo” y ustedes este año lo incluyeron incluso en su spot con la idea de los “maratonistas” ¿Qué crees que distingue al FICValdivia de otros festivales chilenos y lo consolida como el principal del país?

«Primero, creo que la ciudad ayuda mucho. No solo por su entorno natural, sino por el clima que se vive, porque se viste del festival durante esa semana y un poquito antes. Eso contribuye muchísimo a establecer una atmósfera festiva.

Que vengan los equipos de las películas también contribuye: no se trata solo de dar las películas, sino de que tú puedas conversar con quienes las han realizado, en los cafés y bares de la ciudad, en las sesiones, haciendo la fila respectiva. Hay que recordar que el ingreso siempre es de manera democrática, por orden de llegada. Entonces se va construyendo, de cierta manera, un clima, literalmente.

Es una idea colectiva respecto a compartir cine, muy bonita, y que hace que la gente que viene por primera vez quiera volver. Hay quienes piden vacaciones en la semana del festival; estudiantes cuyas universidades declaran la semana académica en receso para venir; gente que se ha conocido, que se ha casado en el festival. Me han dicho más de una historia por ejemplo parejas que han tomado acá su luna de miel, yo no lo haría (risas), la verdad, pero pasa. Es un festival muy vivo…

Además, el hecho de que una película que se ve el lunes recién se repita el miércoles o jueves permite el boca a boca. También pone en crisis tus propias bitácoras previas: tienes tu programa súper armado y de repente alguien te dice “acabo de ver esta película del año 52 en 16 mm” y pasa a ser un imperdible. Eso te obliga a reorganizarte. Te genera realmente una atmósfera muy potente».

– Finalmente, después de tantos años al frente del certamen, ¿qué te sigue sorprendiendo o emocionando del FICValdivia? ¿Qué mantiene viva la llama de dirigir un festival como este?

«Yo creo que la cualidad fundamental del festival es que es un festival cercano con su propia audiencia. El hecho de que muchas personas conversen con el equipo respecto a lo importante que es el festival, y que nosotros no mantengamos eso o no lo entendamos como algo mesiánico, como “qué increíbles que somos”, sino que nos conmueva, hace que el festival funcione muy bien.

Porque entendemos que, finalmente, no es el motor del festival, porque si ese fuera el motor sería muy canchero, pero tú recuerdas constantemente, gracias al festival, lo importante que es para muchas personas. Y eso es muy fuerte: que movilice tanto, que las personas lo sientan tan parte de su propia vida, y que sea algo tan ineludible.

En ese sentido, nosotros básicamente tenemos que estar a la altura de eso. Prodigándonos para que esta fiesta sea lo más completa posible y lo más variada posible dentro de las piezas artísticas que tenemos como equipo. Creo que lo hemos logrado. Siempre es un equilibrio frágil, pero finalmente también se entiende que sucede algo: el festival reacciona de manera que permite que eso se solucione.

En ese sentido, ayudan mucho el público, las y los cineastas, los jurados y las juradas que vienen a generar esa idea de un festival abierto. El mismo hecho de hacer una sola fila para entrar a las películas, salvo los jurados o los equipos que llegan una hora antes, marca la idea del festival. Es un festival que se vuelve muy querible«.

A treinta y dos años de su fundación, FICValdivia se consolida no solo como el principal festival de cine chileno, sino como un acontecimiento cultural que define una manera de entender el cine: como arte y como acto de reunión. La 32ª edición del Festival Internacional de Cine de Valdivia se realizará del 13 al 19 de octubre de 2025, con 240 películas en exhibición y 11 salas disponibles para el público. 

Puedes revisar toda la programación en https://ficvaldivia.cl/

Publica un comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.