Sebastián Vidal Campos, director de “Al sur del invierno está la nieve” (2025): “La muerte se convierte en algo que entrega vida”
El 2015 Sebastián Vidal Campos llega a la Villa Cerro Castillo en Río Ibáñez, en sus palabras una llanura desértica, muy dispar a la imagen del frondoso sur de Chile que tenía en mente. No obstante, la fría pampa que lo recibe será la inspiración y el escenario de su primera obra documental, “Al sur del invierno está la nieve”.
Mientras se escucha el obituario radial del pueblo, Vidal expone una serie de situaciones en las que los animales parecen ser conscientes de su cámara. Y es que en hora y media de metraje nos muestra como la muerte ronda no solo las faenas, sino que también sus habitantes (bagüaleros, puesteros, ganaderos, arrieros y sus familias) de un pueblo congelado en la soledad de la Patagonia. En Bitácora de Cine conversamos con el director para conocer más sobre su historia.
– “Al sur del invierno está la nieve” es un retrato de la vida patagónica desde una posición cercana e íntima con los personajes (animales y humanos) ¿Cuál es tu relación con la zona?
«Yo llegué a la Villa Cerro Castillo (Río Ibañez, Región de Aysén) el 2015 a través de un programa de intervención social (“Servicio País”), en que egresados de la universidad deben ir a trabajar a lugares súper aislados. En ese momento yo venía atravesando un par de duelos recientes, por lo que mi acercamiento al lugar iba desde lo fantasmagórico o espiritual.
Por donde caminara, me encontraba con huesos de animales, muchas carroñas comiendo restos, la muerte estaba siempre presente en el territorio, no en un sentido cruel, más bien noble, ya que esos huesos de animales fueron el alimento de otros. En la naturaleza la muerte se convierte en algo que entrega vida.
Me dí cuenta que entre los habitantes hay una cotidianeidad con la muerte, como si no importara mucho, pero en realidad es todo lo contrario. En el pueblo tenían estas notas radiales necrológicas que me llamaron la atención, asistir a los velorios era la ocasión de encuentro entre la gente.
Y es algo que todos vamos a pasar o pasamos, la muerte de alguien cercano«.
Como lo menciona Sebastián, lo que acontece alrededor de la muerte es uno de los tópicos principales de la historia, no tan solo entre los humanos, sino que también en el mundo animal. Bajo el contraste de los claroscuros, el director retrata cómo los animales se comen a otros y cómo son sacrificados por los ganaderos.
– ¿Hubo una definición del tratamiento audiovisual de la violencia? Teniendo en cuenta que la historia gira entorno a la ganadería y el mundo animal.
«Si bien había circunstancias de violencia explícita, no me gustaban por dos razones; primero no creía que fuesen necesarias para el espectador, y segundo por proteger a las personas que aparecen en escena. Creé vínculos de amistad con varios de ellos, y no quería que fueran mal vistos, como “gente violenta”, por respeto a sus tradiciones y al lugar.
Por eso hago desaparecer en parte la figura del humano sin mostrarlo directamente en cámara, al contrario de los animales. Los que sí se pueden identificar son mujeres y niños, ya que creo representan una imagen amable para el público«.
– Los animales, al igual que los humanos, están presentados como personajes, a pesar de no contar con diálogo ¿cómo fue el proceso de la grabación? ¿Fue complicado para el equipo captar sus acciones?
«Con los pumas en específico, la instancia se dió a través de un amigo que realiza caminatas de observación (Wayajapuma) en Torres del Paine. Aunque una de las escenas más impactantes fue el resultado de un día de paseo. En general eran encuentros muy fortuitos, sobre todo con los zorros, cóndores, ovejas, terneros, etc. estaban cerca, era cosa de agarrar la cámara y salir a caminar.
Siempre tenían una mirada hacía nosotros (equipo de cámara), y siento que eso también traspasa al espectador. Los animales tienen algo muy particular que es generar mucha empatía con la gente, aunque seas la persona más mala del mundo, es imposible no conmoverse con la presencia de un animalito».
– ¿A futuro piensas volver a crear otro proyecto en la zona siguiendo la línea del documental enfocado en la naturaleza y su relación con los humanos, o piensas en abordar otro aspecto?
«Cuando decidí hacer una película, en realidad empecé con una idea diferente, más antropocentrista enfocada en la figura del humano y su relación con el campo, y en los vínculos que fui creando en mi estadía a través de los años. En paralelo surge este proyecto (“Al sur del invierno está la nieve”), que tiene esta mirada más cercana a mi experiencia cuando llego a la Villa Cerro Castillo; la de un extranjero que desconoce lo que lo rodea, el por qué trabajan así con las vacas, que no comprende los dichos, que no sabe si todo es real o mentira.
Ahora estoy trabajando en un segundo proyecto en el que quiero profundizar más en el aspecto humano del lugar, hay una cultura muy rica, que está en vías de extinción. Siguiendo la línea de lo metafórico, me gustaría seguir con el tema de la muerte en el territorio, hay un cementerio de principios de siglo que no tiene muchas tumbas identificadas, quisiera hacer un contraste de eso con la vida actual del pueblo».
Ganadora de la pasada 21º edición de SANFIC en la categoría de Mejor Película de Cine Chileno, “Al sur del invierno está la nieve” se encuentra itinerando en diversas salas del país. Puedes seguir las coordenadas de las próximas funciones en el Instagram @alsurdelinviernoestalanieve