“Tire dié” (1960) de Fernando Birri: Revelar la realidad profunda
“Tire dié” es un homónimo de la frase “tire diez (centavos)”. Así se llama el “juego” de los niños que habitan las ranchadas a las afueras de Santa Fe, Argentina, que cada día corren detrás del tren lento que avanza por un puente de 2 kilómetros de largo y 3 metros de altura, rogando por monedas a los pasajeros. Este también es el nombre del documental de Fernando Birri, estrenado en 1960.
«Tire dié» es un mediometraje de poco más de media hora, autodenominado como una “película de encuesta”, y rodado durante un periodo de tres años. Tras su estreno, el documental obtuvo el Premio del Jurado en el Festival de Cine de Mar del Plata y el Gran Premio del Jurado en el Festival de Cine Documental de Montevideo. Este texto busca reflexionar sobre las estrategias formales que posicionan la cinta dirigida por Birri como una película que construye una realidad propia, con el fin de revelar lo más crudo de la realidad filmada.
La película comienza con un contraste demoledor. Planos aéreos recorren la ciudad de Santa Fe, mostrando a la distancia sus calles y edificios límpidos, junto a una voz en off que informa sobre las cualidades de progreso y abundancia que caracterizan la urbe. Con datos cuantitativos, la voz modela la utopía de la prosperidad; una fachada barnizada que oculta la miseria más desoladora. Mientras tanto, a las afueras de la ciudad, centenares de familias viven en ranchos marginales, subsistiendo mediante trabajos precarizados.
Una mujer se gana la vida lavando ropa a mano, mientras que un vecino elabora joyas baratas con el plástico de los cepillos de dientes. Los habitantes de esta zona viven en condiciones de escasa salubridad y sin acceso a servicios básicos. Uno de ellos comenta: “Nosotros, que construimos los más grandes edificios de la ciudad, no podemos ni siquiera levantar un rancho”. En el barrio todos son pobres, y los niños no son la excepción. La mayoría no asiste a la escuela, y para ayudar a sus familias van al “tire dié” a pedir monedas. El tren pasa “a paso de hombre” y ellos lo persiguen corriendo, arriesgándose a caer desde la altura del puente.
A lo largo del metraje, Birri conversa con los habitantes y descubre sus historias; escucha y muestra, sin emitir comentarios. Quienes hablan son ellos mismos. La cámara se adentra sin miedo en la profunda humanidad de los ranchos. Aparecen entonces las explanadas de tierra seca, las construcciones precarias hechas de restos de madera con lata, y la suciedad que todo lo cubre. Las imágenes en blanco y negro, con bastante contraste —negros muy sombríos y blancos bastante marcados—, enfatizan la crueldad presente en esa vida. Las imágenes han sido capturadas a través del tiempo, con un trabajo sistemático de conexión con el territorio, resultando en una obra de inmensa belleza técnica, a pesar de su crudeza, donde cada rostro y cada espacio construye diálogos visuales llenos de sentido.
La película, además, se ubica en un momento clave en la historia del cine latinoamericano, cuando los avances logrados por la tecnología permiten, la producción de películas menos costosas y en lugares más recónditos. Con esa conciencia activa, «Tire dié» es coherente con su propio contexto: “Una cinematografía, al igual que una cultura, no es nacional por el solo hecho de estar planteada dentro de determinados marcos geográficos, sino cuando responde a las necesidades particulares de liberación y desarrollo de cada pueblo. El cine hoy dominante en nuestros países, construidos de infraestructuras y superestructuras dependientes, causas de todo subdesarrollo, no puede ser otra cosa que un cine dependiente, y en consecuencia, un cine alineado y subdesarrollado” (Getino y Solanas 30).
«Tire dié» inaugura el llamado “documentalismo testimonial”, donde abundan los primeros planos y los seguimientos de ciertos personajes en particular. No obstante, estos testimonios han sido doblados por actores —probablemente para mejorar la inteligibilidad de los textos—, generando un estilo particular que devela el carácter autoral y semi-artificioso de la obra. Los mismos dos actores (adultos) doblan todas las voces: cuando los niños hablan, las edades de las voces no coinciden con sus rostros. Birri no teme dejar en evidencia el aparato cinematográfico a través de estos elementos de post-producción, del mismo modo que el montaje sugiere yuxtaposiciones entre registros pertenecientes a distintos momentos del rodaje, cuya extensión es declarada sin escrúpulos al inicio del documental.
Aquí, la realidad está intervenida, pero no con una intención de ocultamiento, sino más bien para revelar una esencia más profunda de la realidad retratada. La película logra profundizar en sus motivos hasta el punto de comenzar a difuminar las barreras entre su dimensión formal y aquello que está siendo representado: “La capacidad de síntesis y penetración de la imagen fílmica, la posibilidad del documento vivo y la realidad desnuda, el poder del esclarecimiento de los medios audiovisuales supera con creces cualquier otro instrumento de comunicación” (42).
De esta manera, Birri recurre a las posibilidades intrínsecas del medio cinematográfico para revelar una realidad más esencial que la realidad aparente, y esto implica la creación estética de una “nueva realidad” que contiene los aspectos más crudos de la contingencia. Como señala Tomás Gutiérrez Alea, “el realismo del cine no está en su presunta capacidad para captar la realidad ‘tal como ella es’ (que no es sino ‘tal como ella aparenta ser’) sino en su capacidad para revelar, a través de asociaciones y relaciones de diversos aspectos aislados de la realidad —es decir, a través de la creación de una ‘nueva realidad’– capas más profundas y esenciales de la realidad misma” (40).
En este sentido, «Tire dié» es una película que conecta fuertemente con los temas que aborda, trascendiendo el rol informativo y accediendo a un propósito social que crea conciencia e invita a reflexionar, mientras que también incomoda profundamente. Por estos motivos, se trata de una película revolucionaria y de carácter popular en su acepción más significativa: “[…] cuando hablamos de cine popular no nos referimos al cine que simplemente es aceptado por el pueblo, sino a un cine que además exprese los intereses más profundos y más auténticos del pueblo y que responda a ellos” (29).
En este sentido, la obra de Fernando Birri se adentra en una realidad cruda, articulando un relato audiovisual consecuente con un sentido social y subversivo. Sin miedo a intervenir la realidad con tal de obtener hallazgos poderosos, Tire dié es el resultado de una serie de decisiones formales, tanto en su filmación como en su edición, que revelan las capas más profundas de la realidad.
¡Revisa el trailer de «Tire dié»!
Bibliografía
- Gutiérrez Alea, Tomás. Dialéctica del espectador. México, D.F.: Federación Editorial Mexicana, 1983.
- Varios Autores. Hojas de cine. Testimonios y documentos del nuevo cine latinoamericano. México, D.F.: Secretaría de Educación Pública, Fundación Mexicana de Cineastas, A.C., Universidad Autónoma Metropolitana, 1988.