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06 marzo 2026, 07:33 AM | Actualizado | Chile
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El esquema fenicio

«El esquema fenicio» de Wes Anderson (2025): Fundamentos del estilo

El pasado 5 de junio, Wes Anderson volvió a cines con «El esquema fenicio» (2025), una suerte de road-movie que mezcla épica, farsa y espiritualidad dentro de una fachada de cine de espías repleta, como siempre, de referencias históricas y artísticas, protagonizada por un enorme elenco de estrellas.

La trama sigue los devenires de Anatole Zsa-Zsa Korda (Benicio del Toro), un magnate y traficante de armas que busca financiamiento para ejecutar su gran obra maestra: un proyecto de reforma de la infraestructura industrial de Fenicia –país ficticio cuyo nombre hace referencia a una civilización antigua que se ubicó a lo largo del Oriente Medio–, mientras es investigado por el servicio de inteligencia estadounidense y sobrevive a numerosos atentados contra su vida debido a su fama de salvaje industrialista y desalmado empresario.

En la travesía le acompañan su hija Liesl (Mia Threapleton), una joven monja a la que Zsa-Zsa elige como heredera de su fortuna y de su gran proyecto; y también el entomólogo Björn (Michael Cera), tutor de los nueve hijos menores de Korda y nuevo asistente del magnate. Estos personajes sirven como brújula tanto para la historia como para el protagonista.

Desde “La crónica francesa” (2021), el director oriundo de Houston ha iniciado un proceso de depuración de los elementos que conforman su reconocible estilo, se aleja de herramientas estéticas convencionales para despojarse de las fronteras impuestas por el cine live-action. A estas alturas, Wes parece no tener nada más que preocupaciones creativas. Luego de 29 años formando y puliendo su flujo de trabajo, este nuevo proyecto repite muchas ideas que desarrolla en trabajos anteriores y opta por deconstruir varios de los preceptos instalados en esos filmes para encontrar las claves de su funcionamiento o, quizás, para hallar en lo profundo la voz que impulsa su quehacer artístico y entender de dónde viene. Esta apropiación formal y complejidad estilística tan solipsista es evidente en su última apuesta. Con “El esquema fenicio” confirmamos que este será el rumbo de su carrera de ahora en adelante (al menos durante esta década).

“El esquema fenicio” abre con un maravilloso plano cenital del baño de Zsa-Zsa Korda –guiño directo a una escena de «Scarface» (1983) de De Palma–. Una secuencia narrativamente sobria, ya que en apariencia sirve sólo de intermedio para mostrar los títulos de crédito, pero en ella Anderson hace un juego interesante: Mientras varias enfermeras entran para tratar las heridas del protagonista, las losas que componen el piso del baño forman un patrón que llama la atención al tener la cámara perpendicular al suelo, esto se combina con el diseño del texto de los créditos que comienzan a aparecer para generar un efecto óptico que mezcla el texto con los decorados y, no sólo lo hace algo complicado de leer forzando a adaptar la vista al poco contraste, sino también apoya al movimiento de la mirada a través del plano.

Cuando no miramos el texto, buscamos algo qué mirar y allí aparecen las demás partes del diseño artístico y el movimiento de los actores que interactúan con el espacio y con la utilería. Todo esto en un slow-motion elegantemente coreografiado con “Apotheosis” de Igor Stravinsky sonando alrededor.

En su pulcra ejecución escenográfica, manejo del tiempo y planteamiento de símbolos plásticos –símbolos que cobrarán relevancia más adelante en la historia–, este único plano sumerge de inmediato nuestras expectativas dentro de la propuesta estética de la película. Asimismo, esta secuencia introductoria ejemplifica perfectamente la idea de depuración que mencionamos. Pocos elementos que son explotados al máximo en cuanto a su forma y al fondo que representan.

A lo largo de todo el metraje encontramos secuencias de valor similar, planteadas de forma diferente, por supuesto, pero con el mismo objetivo esencial: representar únicamente lo que al director le parece fundamental. El estilo en su fase más carnal. Es debatible si es que durante toda la película logra secuencias tan efectivas como aquella introducción. No lo creo. Pero el impulso expresivo está allí, en la búsqueda que forma el discurso que subyace al film.

En definitiva, fuera del análisis que pone en foco la totalidad de su filmografía, Anderson luego de consagrarse a nivel global –y ya sin tener nada que demostrar– sigue experimentando en un campo que él mismo perfeccionó para encontrar nuevas aristas, nuevos ángulos o puntos de fuga que pudo haber ignorado. Sin la necesidad de hacer de la película un éxito, llegan las libertades para hacer de ella un espacio de exploración personal.

Dentro del disfrute que hay por el terreno conocido, por mi parte encuentro más diversión en los juguetes nuevos que muestra en cada producción. Sea el uso del blanco-y-negro, mezclar stop-motion con acción real o tan simple como una escala de plano diferente. Todo indica que este vehículo que es el cine de Wes Anderson va en una dirección difícil de cambiar, pero quién sabe… Quién sabe si esta serie de experimentaciones siga así, o quizás se detenga de repente, o quizás derive pronto en su gran obra maestra.

“El esquema fenicio” se estrenó en la Selección Oficial del Festival de Cannes y llegó a cines chilenos el 5 de junio distribuido por Andes Films.

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