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28 junio 2026, 13:41 PM | Actualizado | Chile
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Si vas para Chile

Amílcar Infante, codirector de “Si vas para Chile” (2025): “No queríamos hacer una película complaciente, sino abrir un debate”

Amílcar Infante no es un cineasta fácil de rastrear en internet, pero su recorrido profesional sí deja entrever una trayectoria marcada por desplazamientos, cruces culturales y distintas formas de aproximarse a las imágenes. Nacido en Chile, criado parcialmente en Venezuela y formado en Barcelona, su trabajo se ha movido entre la dirección, la escritura de cine y también la música, especialmente desde el hip hop. Quizás por eso en su cine la observación está tan presente, una necesidad de mirar el territorio y a quienes lo habitan desde un lugar atento, humano y profundamente sensible.

Esa inquietud toma una forma especialmente relevante en su primer largometraje “Si vas para Chile” (2025), documental codirigido junto a Sebastián González. La película nace a partir de las protestas antimigrantes ocurridas en el norte de Chile en 2021, pero no se queda solamente en el registro inmediato del conflicto, si no que se mueve desde el desierto, las rutas y los testimonios de quienes atraviesan esa crisis, construyendo una mirada más amplia sobre la violencia, el miedo y las fracturas que atraviesan al país.

Estrenada mundialmente en Hot Docs y luego presentada en distintos espacios internacionales, la película ha abierto conversaciones que trascienden el caso chileno. En esta entrevista con Bitácora de Cine, Amílcar Infante habla sobre el origen del proyecto, el trabajo de investigación y montaje detrás del documental, y la necesidad de hacer una película que no busque clausurar sentidos, sino abrir una discusión incómoda, urgente y profundamente humana.

– ¿Cómo fue el trabajo de levantamiento de información? Porque la película parte desde esas imágenes de las protestas, pero también incorpora muchas cosas como datos, contexto, cifras. Quería saber ¿cómo fue ese trabajo, más allá del relato, y cómo se pusieron en contacto con todas esas personas?

“Esto surgió más bien como una voluntad individual, casi visceral, de viajar al norte y entender qué estaba pasando. No tuvimos mucha preproducción: la investigación la fuimos haciendo estando allá. Armamos un pequeño marco teórico y fuimos entendiendo mejor el contexto gracias al contacto con académicos de la Universidad Arturo Prat y también entrevistando a políticos. En ese primer viaje sacamos muchísimas entrevistas, una cantidad gigantesca de información, y eso nos fue dando un marco más claro para entender con qué nos estábamos enfrentando.

Los testimonios que aparecen no fueron muy difíciles de rescatar. Hay uno en particular que sí nos costó, el de Katherine, pero el resto fueron personas que nos encontramos en el camino y que tenían una necesidad muy fuerte de ser escuchadas. Fue relativamente fácil acceder a esos contactos, sobre todo porque comenzamos a vincularnos con la Asamblea Abierta de Migrantes y Promigrantes de Tarapacá (AMPRO), que nos fue conectando con dirigentes, activistas y personas que conocían bien el tema desde una perspectiva muy humana.

Después apareció también un camionero que conocimos en Iquique mientras grabábamos con el dron cerca del Marinero Desconocido. Se entusiasmó con el proyecto, nos ofreció ayuda y comenzó a mover contactos. Más adelante apareció Lonco, un activista que sale en la película, y entre ambos nos facilitaron mucho la investigación en terreno. Iquique además es chico, entonces empezó a correrse la voz de que había dos cabros de Santiago haciendo un documental, y así fuimos encontrando nuevas historias.”

– ¿Cómo fue la parte de la selección de las historias que fueron alimentando el relato?

“Bueno, primero teníamos que hacer bajadas de contenido con estas entrevistas. Teníamos una cantidad gigantesca de relatos, entonces había que ir delimitando el objeto de estudio y haciendo una selección. Luego nos dimos cuenta de que, por lo general, las entrevistas con políticos o con personas oficiales tenían una manera muy discursiva de expresarse, que no pegaba con lo que queríamos en la película. Era demasiado protocolar, entonces fuimos dejando fuera varios de esos testimonios. Pero siempre estuvo la idea de cómo expresar estos relatos con imágenes, sin caer en el metraje de cabezas parlantes. Y ahí entró el montaje, que fue un proceso largo.

Estuvimos primero con Enan Saavedra, y luego Sebastián terminó agarrando por el cuello el montaje. Estábamos siempre en contacto, pero él pasó mucho tiempo metiéndose en ese detalle. Después llegamos a la conclusión de que queríamos que los textos en off, porque casi no hay cabezas parlantes, fueran las voces del pueblo. Entonces también por ahí va la idea de no poner GC con sus nombres, no especificar tanto, sino dejar que esas voces interactúen y nos guíen, sin usar tanto metraje.

Lo que sí queríamos era que hubiera un balance justo. Independientemente de cuál fuera nuestra postura ideológica frente al tema, también era importante que la gente pudiera demostrar su descontento, porque ellos también fueron víctimas de todo este contexto. Entonces era justo darles un espacio, permitir que dialogaran y generar ese equilibrio. Y así fue como, poco a poco, empezamos a quitar textos e incluir más imágenes del desierto. Incluso hicimos el ejercicio de quitar todas las voces en off y dejar solo lo visual. Y era otra película. Funcionaba súper bien también, pero después volvimos a la idea de que esos testimonios y esas guías seguían siendo importantes para entender mejor el contexto de lo que estaba pasando.”

-¿Cómo trabajaron para que la película tuviera un lenguaje cinematográfico y no una lógica más periodística de tipo reportaje? Y en terreno, ¿cómo fue el vínculo con las personas entrevistadas, especialmente en momentos más tensos como la marcha de los camioneros?

“Bueno, cuando grabamos eso nos estábamos dirigiendo a Colchane, y justo el día anterior habían asesinado a Bayron Castillo, este camionero chileno de 21 años, así que había muchas manifestaciones. Nos habían bloqueado el paso en la carretera y se había armado un taco enorme, pero gracias al contacto del camionero que teníamos logramos hablar con quienes estaban organizando la manifestación para que nos dejaran pasar. Y en un momento vimos la escena. Le dije a Sebastián: “frena en esta esquinita”. Ahí me bajé con la cámara y salí corriendo al conflicto a grabar. En esencia, lo que quedó en la película fueron testimonios muy fuertes, y por eso mismo quedaron.

Ellos veían que yo era chileno, con una cámara, entonces inmediatamente querían contar su historia sin filtro. Yo les decía que estaba haciendo un documental sobre lo que estaba pasando, les explicaba el contexto y por qué quería registrar eso, y fue todo súper rápido. Yo creo que la gente quería hablar de todas maneras. Tanto los migrantes como los chilenos que nos recibían se sentían abandonados, entonces querían ser escuchados y encontraban en eso una forma de expresarse.”

– ¿Fue complejo abordar a las personas?

“No tuvimos muchos problemas con que la gente quisiera o no hablar con nosotros, aunque hubo testimonios que sí costaron más, como el de Katherine. Ella vivía en la toma La Mula, y varias personas de la Asamblea Migrante y Promigrante nos habían hablado de su caso, que se detalla en la película.

Nosotros entramos a la toma para buscarla. Ahí la gente pone banderas de distintos países, no tanto para decir de dónde son, sino para identificar dónde viven. Me acuerdo de que ella tenía una bandera de Alemania, y vivía en una casita muy precaria, que prácticamente se podía caer a pedazos. La habíamos buscado durante bastante tiempo. Estaba escondida, no quería hablar. Le habían hablado de nosotros, pero no quería aparecer. Y cuando por fin logramos dar con ella, ya era de noche. Sebastián se quedó afuera con Óscar, este camionero que nos manejaba, iluminando con la luz del auto, porque no había luz. Era todo muy precario y peligroso.

Ella no quiso ser grabada, así que la registré con una grabadora de voz. Y en mitad de la entrevista llegó su pareja con un cuchillo, directo a atacarme, porque pensaba que nosotros no éramos quienes estábamos haciendo el documental, sino gente de la PDI que le estaba haciendo daño. Ese era el nivel de miedo que había. Ella logró frenarlo y explicarle la situación. Paloma, que era amiga de ella y parte de AMPRO, la había acompañado en todo ese proceso y también le había hablado de nosotros. Después de eso, él se sintió tan mal que incluso nos invitó a pasar para poder conversar con más tranquilidad. Obtener ese testimonio fue súper complejo, fue muy duro. Y también estaba la pregunta de cómo ponerlo en la película sin caer en el morbo. Incluso pensamos en no incluirlo, pero sentimos que si no aparecía, se iba a olvidar.”

– “Si vas para Chile” es un título amplio y muy sugerente, porque parece hablar tanto de quienes llegan al país como de quienes ya lo habitan y se relacionan con ese conflicto desde distintos lugares. ¿Cómo surgió ese nombre y qué sentido crees que aporta a la mirada y a la narrativa del documental?

“Mira, cuando vivía en Venezuela, mi abuelo trabajaba en El Tigre, que queda como a seis horas hacia el sur, en el llano venezolano. En la casa había dos cassettes: uno con hits de Olga Guillot, Gloria Trevi y otros artistas, y el otro de los huasos quincheros. Y cuando sonaba “Si vas para Chile”, mi abuelo, que era nostálgico y de otra época, la repetía. Y yo odiaba esa canción, no la podía odiar más. En ese tiempo yo era rapero, entonces claro, me cargaba. Ahí empecé a agarrarle manía a “Si vas para Chile”, y creo que por eso se nos ocurrió.

Luego está la letra misma. “Si vas para Chile” es una canción escrita por un chileno fuera de Chile, dirigida a otro amigo fuera de Chile, en la que le describe este país. Y sentimos que el documental podía ser una versión ácida de esa misma canción. Al final, cuando parten los créditos, entra la canción, y es una parte importante de la partitura de la película, porque de alguna manera la resignifica. En Ñuble y en otros festivales, por ejemplo, la gente incluso termina cantándola. Además, es una versión de Las Amanitas, súper dulce y cruda a la vez, que le da otro sentido.

Y yo creo que es eso: se hace una invitación a este país maravilloso que te va a recibir, y lo que te recibe es una marcha antiinmigrante. Claro, te va a recibir si entras por el aeropuerto Arturo Merino Benítez con pasaporte, si vienes rubio o con ojos azules. Hay algo de eso, tan propio y tan típico de nuestro país.”

– La película también construye una especie de respiración entre los testimonios y esos momentos más contemplativos del paisaje, casi como una ritualidad que le da espacio a la reflexión. En ese sentido, ¿cómo ha sido la recepción de las audiencias en este recorrido por festivales? ¿durante estas fechas de estreno se ha repetido ese debate tan encendido que la película parece provocar después de cada función?

“Ese debate y esa reflexión siempre han estado presentes, no solo ahora que estrenamos en salas en Chile. La película ha tenido un recorrido internacional bien amplio: estrenamos en Hot Docs, yo estuve en Sídney, con Seba nos juntamos en Sheffield DocFest, y también la presentamos en México, en Tijuana. Ahí nos fuimos dando cuenta de que el tema toca fibras muy similares en distintos territorios.

En Canadá, por ejemplo, el debate se abrió de inmediato, y en Australia pasó algo parecido: la gente llevaba la película a sus propias realidades. Entonces entendimos que, aunque parte de la marcha antiinmigrante en el norte de Chile como un hecho puntual, en el fondo no es una película factual, sino una película sobre la condición humana.

Por eso también están esas imágenes tan grandes, para dimensionar lo ínfimos que somos frente al espacio que alguien está dispuesto a cruzar por una mejor vida. Todo lo que hay detrás de ese viaje habla de una resiliencia enorme y de lo que somos como especie. Entonces, dentro de todo, la recepción ha sido buena. La gente se emociona.

Claro que en redes sociales aparecen lecturas más negativas. Una vez salió algo en El Mostrador y, como había poca información sobre la película, mucha gente pensó que romantizaba la migración. Y no es así. Pero ahí también se nota algo importante: una cosa es la especulación previa, y otra muy distinta es ver la película. Quien la ve, sea cual sea su postura, igual se remueve. Porque la película apela a nuestra propia humanidad.


– Cuando la película empezaba a cerrarse en el montaje y a pensar su circulación, ¿apareció en ustedes alguna inquietud sobre cómo podía ser recibida? ¿Había cierto temor frente a esa reacción o, de alguna forma, buscaban justamente provocar ese tipo de incomodidad y debate?

“Sí, es que era importante que fuera un golpetazo. O sea, si vas a hacer un trabajo más complaciente o que le caiga bien a todas las partes, ¿para qué? También había una carga emocional y una responsabilidad con haber vivido la producción, con haber visto lo que vimos, con habernos conmovido y sufrido también. Entonces queríamos devolver eso, para bien o para mal.

De hecho, hace poco fue la función en Cine Arte Alameda y se generó algo súper lindo. El conversatorio se extendió harto, nosotros ya nos teníamos que ir, pero después se quedó un grupo de unas veinte personas alrededor mío y seguimos hablando sobre la temática. Se abrió un debate, y ahí está la quintaesencia de la película.

Que sirva para abrir diálogo, para que hablemos más, para que nos encontremos en las salas de cine o donde sea que la veas, y podamos sacar nuestras propias conclusiones. Y no repetir ese discurso tan impuesto hoy en día, de polarización y de rechazo al debate.

La gente estuvo años alimentándose de noticias súper nefastas en torno a la migración. No se contaban las cosas positivas, no estaban en los matinales ni en los noticieros. Entonces, si esta película logra generar debate, remover corazones, o incluso que alguien alce la voz por un migrante y diga “oye, para, igual no es tan así la cosa”, yo creo que ya habremos contribuido en algo. Y eso es lo que queríamos: dejar un testimonio que perdure.”

Tras un gran recorrido por festivales internacionales, “Si vas para Chile” tuvo su estreno mundial en Hot Docs 2025, en Canadá, donde obtuvo el premio a Mejor Ópera Prima Internacional. En Chile, la película fue reconocida en FICViña con el premio a Mejor Largometraje de la Competencia Nacional.

Su estreno comercial en salas chilenas se realizó el 9 de abril a través de MIRADOC, iniciando una circulación nacional en distintas zonas del país. 

¡Revisa el trailer de “Si vas para Chile”!

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