Componer lo invisible: Séptima Fila y la música incidental en el cine
La música incidental es uno de los elementos más determinantes y menos visibles del cine. Rara vez se le presta atención consciente, pero es la que empuja el ritmo de una escena, sostiene una emoción antes de que aparezca en el rostro de un personaje o anticipa un giro que la imagen todavía no revela. Componer para cine implica un ejercicio distinto al de crear una obra propia: se trabaja por encargo, al servicio de una historia y una mirada ajena, en diálogo permanente con quien dirige. Sobre ese oficio, sus orígenes y sus formas de trabajo es lo que aborda el quinto capítulo de «Séptima Fila», el podcast de Centro Arte Alameda.
El nuevo episodio, conducido por la periodista Fernanda Miranda, dedicado a la música incidental y a la composición para cine y audiovisual, reúne a tres destacados compositores chilenos: Carlos Cabezas, músico, compositor y productor, fundador de Electrodomésticos, una de las bandas más influyentes del rock chileno, con más de 25 películas desarrolladas, entre ellas «El chacotero sentimental», «El club», «Nadie sabe que estoy aquí», ”La Verónica” y «Ardiente paciencia»; Ángela Acuña, violonchelista y compositora de formación clásica, con bandas sonoras para películas como «Bombal», «Mapa para Conversar», «El Príncipe» y «Bestia»; y Martín Schlotfeldt, compositor y productor detrás de la música de «Denominación de Origen», «Historia y Geografía» y «La Mentirita Blanca», recientemente nominado a los Premios Pulsar en la categoría Mejor Compositor de Música Incidental para Audiovisuales por «Denominación de Origen».
Tres caminos distintos hacia la música
La conversación parte por el origen de cada trayectoria, y ahí aparecen tres caminos bien distintos hacia la música. Ángela Acuña cuenta que viene de una familia de músicos: su abuelo fue fundador de la Orquesta Filarmónica de Santiago y clarinetista, su padre ejerció como clarinetista durante 50 años en la misma orquesta. Comenzó con el piano a los cinco, y fue el teatro, de la mano de Andrés Pérez, lo que la llevó a componer: “no estudié composición, sino que me eduqué así, como un oficio, ahí en las tablas”, señala en la conversación. Su primera música para cine fue para el largometraje «Padre Nuestro», de Rodrigo Sepúlveda.
Carlos Cabezas, en cambio, describe un ingreso más tardío y autodidacta: nacido en Ovalle, cuenta que a los ocho años probó el violín y lo dejó a los tres meses, y que recién a sus 25 años decide enfocarse en la música, cuando conoció a Ernesto Medina y Silvio Paredes, con quienes formó Electrodomésticos. Recuerda su gusto temprano por lo experimental y las nuevas tecnologías. Su primera banda sonora fue para «El país de octubre», de Daniel de la Vega, quien también filmaba su primera película.
Martín Schlotfeldt relata un camino marcado por el azar y la amistad: sin músicos en su familia directa, pero rodeado de melómanos, estudió guitarra y luego se formó con el arreglador Toly Ramírez, hasta descubrir que su interés estaba más en el estudio de grabación que en la ejecución. Su llegada al cine se dio porque un amigo del colegio, Pablo Calisto, productor de «Denominación de Origen», estudiaba cine mientras él estudiaba música: empezaron haciendo cortometrajes competiendo en el festival de Clermont-Ferrand, en Francia, antes de que ambos hicieran juntos «La Mentirita Blanca».
El vínculo con las y los directores
Buena parte del episodio cinco de ”Séptima Fila” aborda la relación de trabajo con las y los directores. Para Acuña, esa relación es clave: dice que le importa trabajar con personas con las que existe afinidad, y que su labor funciona como la de una “traductora musical” entre la idea del director o la directora y el resultado sonoro, especialmente cuando hay tiempo para conversar antes de componer. Cabezas coincide en que hacer música por encargo, lejos de restringir la identidad musical de quien compone, termina revelándola.
Schlotfeldt describe un método de trabajo colaborativo, con sesiones de estudio abiertas a directores como Tomás Alzamora, con quien ha compuesto varias películas, y explica que la música “empieza a desarrollar como un guión paralelo”, capaz de unir escenas de una forma que ni el propio equipo de dirección lo anticipaba.
El momento en que cada compositor o compositora se integra al proceso también genera diferencias. Acuña asegura que prefiere entrar desde el guion, antes del rodaje, y que le resulta más difícil trabajar cuando la película ya está filmada; atribuye esa preferencia a su paso por el teatro junto a Andrés Pérez, donde el proceso creativo se construía por ensayo y exploración, sin apuro por llegar a un resultado cerrado. Como ejemplo de un proceso que se extiende en el tiempo, menciona «El Príncipe», de Sebastián Muñoz, película en la que empezó a trabajar años antes de su estreno.
Una temporada dedicada al cine chileno
El quinto capítulo de «Séptima Fila» se suma a una temporada que comenzó en marzo con un episodio sobre dirección de cine junto a Carmen Castillo, Marialy Rivas y Carolina Moscoso, continuó con un capítulo sobre actuación con Catalina Saavedra, Gastón Salgado y Matías Catalán, siguió con uno dedicado a la animación chilena junto a Vivienne Barry, Cristóbal León, Hugo Covarrubias y Francisco Visceral, y con un cuarto episodio sobre salas independientes y gestión cultural con Roser Fort, Alex Doll, Marcelo Morales y Catalina Marín.
“Séptima Fila” es un proyecto financiado por el Fondo de Fomento Audiovisual, Convocatoria 2025, del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio. La primera temporada contempla diez episodios, con un nuevo capítulo cada mes. El quinto capítulo, junto con el resto del programa, está disponible en los canales de YouTube y Spotify de Centro Arte Alameda.