
Sergio Castro y Camilo Arancibia conversan sobre “Il Cileno”: la historia de Aldo Marín
Una de las películas nacionales más llamativas del año tuvo su estreno en nuestro país el pasado miércoles 14 de octubre en la sección Gala Chilena de FICValdivia: “Il Cileno” (2026), la nueva cinta del director Sergio Castro y la productora EQUECO. Mezclando la reconstrucción escenográfica de un drama histórico con la tensión de un thriller político, el largometraje adapta la historia real de Aldo Marín, un joven revolucionario chileno que se convirtió en fabricante de artefactos explosivos para la agrupación Azione Rivoluzionaria en Italia, durante los “años de plomo”. La película se basa, con ciertas libertades, en la crónica “Aldo Marín: carne de cañón” (2018), escrita por Juan Cristóbal Guarello.
La película llegó a Valdivia después de su presentación en el Festival de Cine de Locarno, donde su protagonista, Camilo Arancibia, recibió el Boccalino d’Oro a la mejor interpretación, otorgado por la crítica independiente. El actor había irrumpido en el panorama audiovisual con “Los colonos” (2023). La coproducción entre Chile, Italia y Suiza estuvo marcada por años de investigación y preparativos, y su estreno coincidió con el de “Mil pedazos” (2026), también dirigida por Sergio Castro San Martín. Horas antes de la función en Valdivia, Sergio y Camilo conversaron con Bitácora de Cine sobre las particularidades de “Il Cileno”, sus expectativas, sus trayectorias personales y el valor de llevar la historia de Aldo Marín a la gran pantalla.
¿Por qué Aldo Marín?
— (A Sergio) La realización de “Il Cileno” tomó aproximadamente ocho años. Para el proyecto, EQUECO adquirió los derechos cinematográficos del libro “Aldo Marín: carne de cañón”. ¿Por qué te interesó abordarlo en primer lugar?
Sergio: Yo venía de hacer “El Negro” (2020), el documental sobre Ricardo Palma Salamanca en que ya había trabajado ciertas temáticas que tenían que ver con la militancia política en dictadura, la represión y el exilio. Me pareció interesante trabajar el tema desde la migración; no necesariamente desde la mirada de un exiliado político, sino la de un inmigrante, alguien que sufre por no tener a su familia cerca, tiene que reconstruirse y debe sobrevivir en un país que no habla la misma lengua que él.
Paralelamente, también está toda la historia de Italia en los años 70, que me parecía muy coincidente con la historia chilena. Los años de plomo en Italia y la dictadura en Chile tienen varias cosas en común. Así, empezamos a armar una especie de trama y comenzamos a escribir el guion con Simona Nobile, construyendo el lado chileno y el lado italiano. El proyecto me interesó por eso: por esta idea de “hacer patria en un lugar que no es el tuyo”. Obviamente la película tiene grandes diferencias con la crónica, por eso la llamamos una “libre adaptación”. Con Pablo Calisto sentimos que era importante tener los derechos del libro justamente porque íbamos a tomar ciertas cosas desde el nombre de Aldo Marín, sumado a lo que Juan Cristóbal Guarello ya había averiguado. Fueron ocho años de producción en total, pero en realidad hubo momentos muy intensos y otros de mayor sequía, con más investigación.
— (A Camilo) ¿Qué te llevó a “Il Cileno” y te motivó a interpretar a Aldo Marín?
Camilo: Yo llegué al proyecto por audición. Sergio había visto “Los colonos”, entonces me cachaba un poco de lejos; nos habíamos encontrado antes en toda esta hecatombe del Festival de Cannes. Ya en el casting de “Il Cileno” construimos una relación profesional y amistosa súper linda. Me sumé a un proyecto que llevaba harto tiempo trabajándose.
Aldo Marín vino a traerme ese desafío de interpretar a una persona real; alguien que sufrió las consecuencias de una dictadura y de un exilio. Este personaje también representa a todas las personas de la historia de nuestro país que vivieron lo mismo. Hay que separarlas de la idea de “personajes”, porque son personas. Para mí, eso fue esencial.
Un progetto internazionale
— Algunas de las complejidades tras la realización de “Il Cileno” responden a su carácter internacional y bilingüe. Tanto desde la dirección como desde la interpretación, ¿cuáles fueron los principales desafíos que tuvieron que afrontar para sacar adelante esta historia con otros escenarios, idiomas y culturas?
Sergio: Siempre hacer una película exige un ejercicio antropológico en que tienes que entender el mundo donde te estás metiendo. En este caso era más complejo, porque era una cinta sobre una historia que no era la de mi país, en la que debía encontrarme con personas que habían vivido esa época. Tuvimos muchas entrevistas con gente que vivió la anarquía de los años de plomo en Italia. También empecé a investigar mucha filmografía, como las obras de Elio Petri o Marco Bellocchio, junto al film giallo o el cine noir de los años 70. De ahí empezó todo un trabajo de investigación que tenía que ver con el idioma.
Hacer una película de periodo no es solamente fijarte en cómo son los objetos, el color o el vestuario, sino también en la manera de hablar de las personas. Se hizo un estudio de cómo tenían que hablar estos personajes y llegamos a la conclusión de que era súper interesante la idea de que se hablara el idioma del otro. A veces los chilenos hablan italiano y a veces los italianos hablan castellano. De alguna forma también vamos entendiendo cómo Aldo Marín va entrando en la cultura italiana a través de la lengua, entonces trabajamos un rodaje bilingüe que fue súper difícil. Fue divertido, porque los actores chilenos me pedían hablar italiano y los italianos me pedían hablar castellano; había que manejar un poco los tiempos del idioma.
Camilo: Creo que grabar en Italia implicó un trato súper bueno con el equipo de allá. Profesionalmente me quedo con el compromiso que tenían todos por la película. En ese sentido, también el trabajo y la interpretación se hicieron enriquecedores. Respecto a hablar otro idioma, en proyectos anteriores ya me había tocado aprender cosas leves de otras lenguas. Me encanta eso de la actuación: adaptarse a los personajes. He pasado por el quechua, el mapudungún, el inglés y el italiano.
Creo que son instancias para entender que la multiculturalidad también existe dentro de nuestra propia humanidad. En esta desesperación del exiliado de los años 70, además de que se está completamente incomunicado, hay una angustia por no saber qué es lo que está pasando en tu país. Eso se mezcla con esta necesidad de comunicarse. Si estás hablando italiano o español, igual hay una necesidad y una intención de encontrarse y entenderse.
Irrupciones y coincidencias
— (A Sergio) Este año también se estrenó “Mil pedazos”, otro largometraje dirigido por ti, que se presentó en el Festival de Málaga. ¿La cercanía entre ambos estrenos generó dificultades o te resultó extraña?
Sergio: Fue una coincidencia. Nunca se programó que “Mil Pedazos” e “Il Cileno” se estrenaran el mismo año. Los proyectos demoran muchos años y a veces coinciden. En un momento no quería que esto sucediera así, pero fue inevitable y creo que al final pasó algo bonito. Pienso que ambas películas han estado dialogando entre sí, en un sentido de, por ejemplo, cuando la gente se pregunta “qué va a venir ahora del director” y lo que viene está ahí inmediatamente. Le da una cierta continuidad al cine, que es algo tan difícil, maratónico y que demora tanto tiempo. Me siento súper agradecido de tener dos películas en un año, siendo que también son dos proyectos muy distintos. Aunque claro, quizás no soy yo el que deba decir cuáles son los elementos en común que hay entre ambos, los dos comparten temáticas como la soledad y la muerte, que me interesan mucho. La familia también es uno de los temas que vengo trabajando hace un buen tiempo en mi filmografía.
— (A Camilo) Este año recibiste el Boccalino d’Oro de la crítica independiente en Locarno por tu actuación, un logro importante y que refleja el ascenso meteórico que ha tenido tu carrera desde que irrumpiste con “Los colonos”. ¿Sientes que estos últimos tres años han cambiado tu día a día o tu carrera artística de manera radical?
Camilo: Son cosas que no pienso tanto. Estoy viviendo más los procesos, intentando hacerlo desde la tranquilidad, sin llenarme mucho la cabeza de expectativas porque en general soy muy ansioso. Prefiero tomármelo con calma. Le doy gracias a Sergio, Felipe (Gálvez) y a todos los equipos que confían en uno, porque el trabajo actoral en Chile es muy grande. Yo no puedo llegar y decir algo como “yo tengo las condiciones para hacerlo”, porque ellos al final son nuestros directores y los que creen. En el caso de Quijote Films y Felipe, para “Los colonos” confiaron en mí siendo todavía estudiante; estaba en tercero de la escuela cuando actué en la película, por allá en el 2022.
Igual es lindo que menciones que es “meteórico”, porque yo no lo alcanzo a comprender así. Me llena de orgullo porque es mi entorno, mi familia y amigos los que están constantemente recordándomelo. Estos logros también tienen que ver con un trabajo y un compromiso. Para mí lo interesante, aunque no sé si fue un gran cambio en mi vida, tiene que ver con que la exposición está ahí, constantemente de la mano, porque como actores también la tenemos muy cercana. También están las ganas y la idea de demostrar que puedo y quiero seguir trabajando. Para eso estamos. No para ganar reconocimiento, sino para seguir haciendo lo que quiero hacer: actuar.
“Il Cileno” y los chilenos
— Luego de haber presentado “Il Cileno” en Suiza, ¿qué expectativas tienen en torno a la reacción del público nacional al filme?
Sergio: El público es algo que uno no puede controlar. Los tiempos políticos también van cambiando. Creo que la película nos pone en jaque respecto a nuestra postura política y social sobre la vida. También creo que “Il Cileno” habla de la confusión política que estamos viviendo hoy día: diálogos de derecha que son de izquierda, diálogos de izquierda que son de derecha, gente que votó por un lado, pero no se siente de ese lado… de hecho, eso se dice literalmente en una escena. La película habla de un diagnóstico político y social, y creo que si uno la ve desde ese lugar la puede entender antropológicamente.
Al mismo tiempo, también es una cinta de género. Existe la fabricación de bombas, hay una trama policial, la atraviesa una trama de amistad, hay una historia de traición… es una película con varios componentes que pueden entretener al público. Por otro lado, también es una película de personajes, en el sentido de que habla sobre la intimidad de un revolucionario, no de lo que hace, sino de lo que siente una persona en contra de la dictadura.
Camilo: Es difícil de prever (la reacción del público). La película trata sobre cosas cercanas a lo humano, entonces creo que puede generar sensaciones a la audiencia y ya con eso el cine gana; nosotros como creadores también. Es muy lindo poder presenciar cómo la audiencia siente. Creo que la historia de Aldo Marín representa una condición humana que, si bien está subordinada por los años 70 y el exilio, también resuena con muchas sensaciones de hoy en día; con esta especie de desarraigo en relación a la pertenencia.
Ojalá Valdivia reciba esta película con cariño. Además, la audiencia del festival es harta gente joven y yo también soy de acá, entonces irá a verla harta gente de mi mismo círculo y eso es muy bonito. Se viene un estreno comercial que está proyectado para el primer semestre del próximo año. Aún no tiene fecha definida.
Estas últimas palabras fueron dichas por Camilo unas horas antes de la función nocturna de “Il Cileno”, que llenó el Aula Magna de la Universidad Austral con un público entusiasta.