Cine punk más allá de la pantalla: La experiencia colectiva en Nexo Cinema
La experiencia en Nexo Cinema es mucho más que ir a ver una película. Parte, incluso, por su ubicación. La sala se encuentra en plena Plaza de Armas, en el centro de Santiago, desde donde abre un espacio para expresiones y comunidades que suelen permanecer al margen de los circuitos culturales tradicionales.
En ese sentido, Nexo Cinema es un proyecto profundamente político, no solo por la selección de las películas que exhibe, sino también por el discurso que sostiene y por la forma colectiva en que se organiza. Por ello, explican que el uso de un seudónimo colectivo y la decisión de resguardar sus identidades tras el nombre del proyecto responden, en primer lugar, a la necesidad de reconocerse como un grupo, en contraste con una cultura profundamente individualista y orientada al éxito y al reconocimiento de nombres propios. Para este artículo conversamos con uno de los integrantes encargado de la programación, quien habló en representación del equipo. Por lo mismo, las respuestas se entregan bajo el seudónimo común de Nexo Cinema.
Al mismo tiempo, creen que ese anonimato les ha otorgado una mayor libertad para asumir riesgos. Les ha permitido experimentar con propuestas que otras salas difícilmente llevarían adelante, abordar temas incómodos y desarrollar una comunicación más irreverente y provocadora, coherente con la identidad que han construido desde sus inicios.
Esa búsqueda se refleja también en la experiencia de asistir a sus funciones. Tuve la oportunidad de participar en un par de ellas y, en ambos casos, comprobé que la proyección de la película es solo una parte del evento. En la función de The Rocky Horror Picture Show, por ejemplo, se entregaban distintos objetos al público —cartas, arroz, gorros de cumpleaños y rollos de papel higiénico, entre otras cosas— para que interactuara directamente con la película. Los asistentes lanzan el arroz al mismo tiempo que los personajes en pantalla, transformando la exhibición en una experiencia colectiva, única y profundamente lúdica.
Algo similar ocurrió durante la función de «Matapanki». Antes de la proyección, la jornada comenzó con un espectáculo musical y performático en vivo que preparó al público para la película, ampliando la experiencia cinematográfica hacia un espacio donde el cine, la música y la performance dialogaban entre sí. Desde programación señalan que el contenido para adultos es uno de los aspectos menos interesantes.
Sus inicios
Para ellos, lo más importante de los años noventa fue volver a tomarse la calle. Recuerdan que salir significaba exponerse a ser detenidos, golpeados o encarcelados y que, aun así, al día siguiente volvían a manifestarse. Creen que ese mismo espíritu terminó impregnando al Nexo Cinema: una sala y una programación que buscaron ser lo más vanguardistas posible, pero también abrir camino para otros espacios culturales.
Nexo Cinema fue concebido como un proyecto consciente de su fragilidad. Nunca contaron con recursos ni con certezas sobre su continuidad, por lo que siempre trabajaron bajo la idea de que el proyecto podía terminar en cualquier momento. Esa precariedad, lejos de inmovilizarlos, los llevó a asumir una especie de urgencia: si la sala solo iba a existir por un tiempo breve, entonces debía servir para demostrar que era posible levantar un cine independiente con muy poco, a puro trabajo y apoyo colectivo.
En ese sentido, su intención también era abrir una ruta para otras iniciativas que quisieran emprender un camino similar. Más que demostrarles algo a las salas que ya existían, buscaban caminar junto a quienes, desde distintos espacios, estaban pensando en nuevas formas de sostener el cine. La transformación, explican, había sido colectiva: unos años antes había surgido Sala K y, antes que ellos, Insomnia Teatro Condell en Valparaíso había impulsado una experiencia similar. También reconocen como referentes los ciclos de Cineadicción y las experiencias que algunas personas del equipo tuvieron en la EICTV. Desde ahí, Nexo Cinema buscó demostrar, en ese mismo caminar, que era posible construir una sala desde cero, incluso sin financiamiento, dejando una experiencia que pudiera servir de punto de partida para quienes vinieran después.
Desde programación se recuerda, por ejemplo, que la primera exhibición de Barbarella reunió apenas a cuatro personas, una de ellas disfrazada, por lo que solo se vendieron tres entradas. Años después, cuando la reprogramaron en 2022, asistieron cerca de cien. Algo similar ocurrió con Midori, una película extrema por su violencia y crudeza que, pese a ello —o precisamente por ello—, convocó a una gran cantidad de espectadores. Para ellos, esa respuesta confirmó que existía un público buscando experiencias cinematográficas que no encontraba en otros espacios.
La programación
En relación con la programación, explican que durante los primeros años las decisiones eran completamente colectivas. Funcionaban como una gran mesa de discusión donde todos podían opinar, aunque con el tiempo comprobaron que ese método hacía muy difícil llegar a acuerdos. Las conversaciones se extendían demasiado y las decisiones terminaban diluyéndose.
Con el tiempo, el equipo distribuyó las responsabilidades y la programación quedó principalmente a cargo de uno de sus integrantes, actualmente radicado en Puerto Rico. Conversamos con él por Zoom sobre su formación en la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños, en Cuba, y sobre los criterios que orientan la cartelera. Según relata, pese a contar con formación en el área, no logró acceder a los espacios donde se tomaban las decisiones, pues sentía que no formaba parte de los grupos de influencia de la industria cinematográfica.
En ese sentido, afirma que la programación de Nexo Cinema también nace de una frustración personal y colectiva: preguntarse qué películas pueden exhibirse cuando ciertos cines simplemente no encuentran un lugar dentro de los circuitos tradicionales.
Durante los primeros años trabajaron con tres criterios básicos para seleccionar películas: que fueran visualmente interesantes, que propusieran una experiencia sonora relevante y que generaran conversación entre los espectadores. Con el tiempo, sin embargo, esos criterios fueron cambiando.
Hoy consideran que ni lo visual ni lo sonoro constituyen el aspecto más importante de una función. Lo verdaderamente central es la experiencia que ocurre dentro de la sala. Desde esa perspectiva, sostiene que incluso una película considerada «mala» puede adquirir un enorme valor cuando es vista en comunidad. Añaden que la programación también incorpora una dimensión contextual. En ocasiones seleccionan determinadas películas porque dialogan con acontecimientos políticos o sociales del momento, aunque ese vínculo no siempre sea explícito.
El cine como ritual compartido
Es precisamente allí donde aparece una de las ideas centrales de su proyecto: entender el cine como un ritual compartido. El equipo observa que en Chile persiste una concepción de la sala como un espacio silencioso, solemne y excesivamente normado. Frente a ello, Nexo Cinema propone otra forma de vivir el cine: una sala donde sea posible hablar, reír, gritar y reaccionar espontáneamente, haciendo de la proyección una experiencia colectiva.
Otra de las líneas que orienta su trabajo es el apoyo al cine chileno y latinoamericano independiente, especialmente a aquellas producciones más precarias que suelen quedar fuera de los circuitos institucionales. Les interesa precisamente ese cine que muchas veces es desestimado por la falta de recursos, pero que, a su juicio, posee otras virtudes estéticas, políticas o comunitarias.
Sus miembros cuestionan el prejuicio que suele existir hacia el cine chileno. A partir de su experiencia, el entrevistado sostiene que el problema nunca ha sido el público. Recuerda que, históricamente, sectores populares han consumido propuestas cinematográficas mucho más experimentales de lo que habitualmente se cree. En su opinión, la dificultad no radica en que las audiencias no comprendan ese tipo de cine, sino en que rara vez se les ofrece la oportunidad de verlo.
Por esa razón, describe su programación como una combinación deliberadamente heterogénea: cine de culto, cine popular, anime, películas consideradas «malas» y obras difíciles de clasificar conviven en una misma cartelera. Más que establecer una división rígida entre buenas y malas películas, les interesa aquello que sucede cuando una comunidad se reúne a verlas.
Explica que la programación también busca dialogar con públicos muy distintos entre sí. Un día la sala puede estar llena de otakus; otro, de punks; otro, de personas provenientes de escenas completamente diferentes. Lo importante, sostiene, es que todos encuentren un lugar, especialmente quienes habitualmente no lo tienen.
En ese sentido, afirma que el proyecto siempre ha perseguido un mismo objetivo: abrir un espacio para los márgenes, para la periferia y para quienes históricamente han quedado fuera de los circuitos culturales tradicionales. Más que formar un público homogéneo, les interesa construir una comunidad a partir de esas diferencias.
Un espíritu: Colectivo, cambiante y caótico.
Relacionan esa idea con sus propias trayectorias personales. Recuerda que la mayoría de quienes fundaron Nexo Cinema provenían de comunas periféricas como La Florida, Maipú o La Cisterna, y que crecieron acostumbrados a desplazarse hacia el centro de Santiago en recorridos de micro como la 210. Desde esa experiencia surgió una imagen que resume el espíritu del proyecto: Nexo Cinema, dicen, es un cine para quienes toman la 210. La programación responde precisamente a esa lógica, entendida como una convocatoria dirigida a quienes llegan desde los márgenes de la ciudad.
El programador recuerda que, para su generación —marcada por la violencia política y la represión—, desplazarse por la ciudad implicaba convivir con el riesgo. Durante los años noventa, salir a la calle formaba parte de una experiencia cotidiana en la que podían ocurrir detenciones, agresiones u otras situaciones de violencia. Sin embargo, sostiene que siempre regresaban.
Calcula que alrededor de ochenta personas han participado en distintos momentos de su historia, entre amigos, colaboradores y voluntarios. Para ellos, ese flujo permanente de personas constituye uno de los rasgos fundamentales del Nexo: una experiencia grupal, cambiante y, muchas veces, caótica.
La experiencia compartida
Más allá de la programación, se subraya que una parte esencial del proyecto ocurre fuera de la película misma. Desde sus inicios desarrollaron la idea de una «experiencia expandida», incorporando intervenciones en sala, música en vivo, karaoke, performances y otras actividades que convierten cada función en un encuentro con el público. Para ellos, el cine no consiste únicamente en proyectar una película, sino en generar experiencias para quienes asisten.
Considera que esa dimensión constituye precisamente aquello que plataformas de streaming no pueden reproducir. Lo que diferencia a una sala de cine no es únicamente la proyección, sino la posibilidad de reunir personas en un mismo espacio y propiciar relaciones que solo pueden producirse presencialmente.
En ese sentido, entienden su experiencia como parte de una tradición más amplia de colectivos del underground santiaguino y chileno, sostenidos por el compromiso de quienes los integran más que por sus recursos económicos. «Hay personas a las que hasta les gusta. Ponte, ponemos Taxi Driver y les gusta porque el cine, precisamente, huele como Taxi Driver».
Con el paso del tiempo, esas referencias comenzaron a dialogar con lecturas teóricas y distintas formas de pensar el cine. Mencionan como referentes el trabajo de Fernando Birri y del cineasta español José Val del Omar, quien en la década de 1960 desarrolló el concepto de la «visión táctil»: la idea de que la pantalla podía adquirir una dimensión sensorial, donde mirar una película equivalía, de algún modo, a tocar las imágenes con los ojos. A esas influencias se suman el cine 4D, el Odorama popularizado por John Waters y otras formas de expandir la experiencia cinematográfica más allá de la proyección.
De esa mezcla de referencias surgió lo que bautizaron, con el humor que caracteriza al proyecto, como la «experiencia nexual» o, simplemente, «la inexperiencia». Explican que nunca les ha interesado tomarse demasiado en serio a sí mismos, aunque sí el trabajo que realizan. El humor, dicen, ha sido una forma de sobrellevar las dificultades de sostener un proyecto autogestionado.
Esta apuesta también responde a una necesidad material. Actualmente, la realización de eventos constituye una parte importante del sustento económico del espacio. Sin embargo, enfatiza que esa estrategia no surgió únicamente por razones financieras, sino que ha formado parte del proyecto desde sus primeros años.
La función expandida representa, para el equipo de Nexo Cinema, la máxima expresión de su proyecto. Recuerdan que una de las primeras experiencias de este tipo fue la exhibición de «The Rocky Horror Picture Show» interactivo, una propuesta que hasta entonces parecía reservada para ciudades como Nueva York o para el circuito cultural estadounidense. Ver que ese tipo de experiencias podían realizarse en Santiago tenía un significado que iba mucho más allá del cine: demostraba que no era necesario viajar al extranjero para acceder a manifestaciones culturales que parecían exclusivas del centro del mundo.
Esa convicción está profundamente ligada a su manera de entender la periferia. Explican que crecieron con la sensación de que las experiencias culturales más interesantes siempre ocurrían en otros lugares: en Japón, en Estados Unidos o en Europa. Nexo Cinema buscó romper con esa lógica, demostrando que era posible construir esas mismas experiencias desde Chile, apropiándoselas y resignificándolas desde un contexto chileno.
El proyecto también ha entendido el cine como una herramienta para reunir comunidades que habitualmente no comparten un mismo espacio. Esa fue una de las motivaciones detrás de actividades como Matapanki, donde buscaron propiciar un recambio generacional dentro de la escena punk con la performance de la artista Motra ACAB. La idea era crear un lugar donde convivieran personas de distintas edades, facilitando el encuentro entre quienes llevan décadas en la escena y quienes recién comienzan. Para ellos, el cine funciona como un dispositivo capaz de vincular personas, generaciones y territorios.
Una apuesta que se sostiene
Con el tiempo, además, descubrieron que este tipo de eventos era una forma más sostenible de financiar la sala. Una función expandida implica mayores costos de producción —más horas de montaje, limpieza, personal e intervenciones artísticas—, por lo que el valor de la entrada también debe aumentar. Sin embargo, consideran que el público comprende ese incremento porque no está pagando únicamente por ver una película, sino por participar de una experiencia irrepetible. El precio refleja el trabajo adicional que hace posible cada función.
No obstante, reconocen que ese modelo también exige un enorme esfuerzo organizativo. Si en un comienzo bastaba con programar algunas películas al mes, hoy cada exhibición requiere una planificación creativa y logística mucho más compleja. La sala dejó de ser únicamente un espacio de exhibición para transformarse en una plataforma cultural donde convergen el cine, la música, las artes escénicas y distintas formas de participación del público.
Ese camino comenzó hace varios años. Recuerda, por ejemplo, que tras el éxito de una función de Akira, utilizaron los ingresos para reparar parte de la infraestructura de la sala y, posteriormente, invitaron a músicos japoneses a musicalizar en vivo Onibaba. La apuesta les permitió comprobar que la presencia de artistas invitados también podía acercar al público a películas menos conocidas. Muchas personas asistían inicialmente para ver a los músicos y, al mismo tiempo, descubrían obras que probablemente nunca habrían visto de otro modo.
La misma lógica ha orientado otras colaboraciones recientes. Invitar artistas, comediantes o músicos ha permitido atraer públicos diversos y ofrecer nuevas formas de relacionarse con el cine. Actividades como Nexo Comedia, donde humoristas como Rodrigo Salinas comentan películas en vivo junto a sus realizadores, buscan convertir la exhibición en un acontecimiento colectivo, único e irrepetible más que en una simple proyección.
También han intentado responder a un problema generacional. Reconocen que el costo de las entradas puede ser una barrera para los públicos más jóvenes, especialmente en un contexto de creciente precarización económica. Por esa razón, en ciertos eventos redujeron considerablemente el precio de las entradas para facilitar la asistencia de nuevas generaciones. El resultado superó sus expectativas: la convocatoria fue masiva incluso cobrando menos, confirmando que existía un público interesado que solo necesitaba condiciones de acceso más favorables.
Con el paso del tiempo, desde Nexo Cinema perciben que esta forma de entender la exhibición cinematográfica ha comenzado a influir en otras salas y proyectos culturales que ahora incorporan funciones musicalizadas, intervenciones escénicas y actividades complementarias. Más que verlo como una competencia, lo entienden como una señal de que lograron sentar un precedente para el cine independiente.
Esa, sostienen, siempre fue una de las aspiraciones de Nexo Cinema. Nunca imaginaron el proyecto como una institución permanente, sino como un espacio de experimentación capaz de ensayar formas nuevas de exhibir cine. Si esas ideas terminan siendo adoptadas por salas con mayor infraestructura y estabilidad económica, siente que el objetivo estará cumplido. Incluso hablan de esa posibilidad con cierta tranquilidad: si algún día Nexo desaparece, les gustaría pensar que habrá contribuido a transformar la manera en que otras salas entienden su relación con el público.
En esa reflexión final reivindican el papel histórico de los cineclubes como laboratorios culturales. Son esos espacios, afirman, los que pueden asumir riesgos que instituciones más consolidadas difícilmente podrían correr. Experimentar, equivocarse y descubrir nuevas formas de convocar espectadores ha sido, desde el comienzo, la verdadera misión de Nexo Cinema. Conoce más novedades a través de su Instagram oficial.