
El arte de dar forma a una película: Andrea Chignoli y Valeria Hernández reflexionan sobre el montaje en un nuevo capítulo de Séptima Fila
Todo lo que se registra durante un rodaje necesita, tarde o temprano, encontrar su forma. Ese oficio, muchas veces invisible para el público, es el montaje.
El Centro Arte Alameda estrenó el séptimo capítulo de “Séptima Fila”, su podcast grabado en plena sala de cine, dedicado esta vez al montaje cinematográfico. En la instancia, las montajistas Andrea Chignoli y Valeria Hernández fueron las invitadas a conversar y profundizar sobre diversas particularidades de este rol.
Chignoli es periodista, docente y montajista. Desde mediados de los años 90 ha participado en más de 70 producciones, entre ellas “Tony Manero” (2008), “Post Mortem” (2010), “Violeta se fue a los cielos” (2011) y “No” (2012), además de series como “Los 80” y “Ecos del desierto”.
Por su parte, Hernández, de formación audiovisual, ha trabajado en ficción, no ficción, publicidad y videoclips. Participó en Berlinale Talents y ha montado más de 35 películas, como “Mala Junta” (2016), “Historia y geografía” (2023), “Denominación de origen” (2024) e “Il Cileno” (2026).
Un espacio protegido para decidir
Escultores, muebles, puzzles: la conversación abre con metáforas para explicar qué es montar. Es un proceso de paciencia, ensayo y error, guiado por la emocionalidad de la historia. Es, sobre todo, empatía y conexión con el material.
Los criterios para tomar decisiones de montaje son uno de los temas iniciales de la conversación. Valeria Hernández se detiene en el tiempo que requieren los criterios de montaje y describe la sala de edición como un espacio protegido: una abstracción de la realidad que se puede habitar.
Andrea Chignoli contrapone esa intimidad con los contextos de producción industrial, donde la opinión de otros actores se impone sobre la libertad que ofrece el cine independiente. “Es muy distinto montar en un mundo independiente a un mundo industrial”, afirma.
“En el mundo industrial se tiende a dar que hay que sobreexplicar y que quede todo claro. Se piensa en un espectador que está distraído. El que yo tengo en mi mente y corazón es el espectador comprometido y cinéfilo, que establece una relación interactiva con la película rellenando esos huecos que voy dejando”, profundiza la montajista.
La relación entre montaje y dirección
Una de las partes favoritas del oficio, en palabras de las invitadas, es la relación que se construye con quien dirige. Para Valeria, el humor es clave: “Es un campamento intensivo y por sanidad mental, lo clave es congeniar, tener algún tipo de afinidad. Es un factor humano que me cambia el espíritu al montar”.
En el caso de Andrea, la palabra clave es confianza. Se refiere a tener sincronía política, una visión alineada y que el director o la directora confíe en su trabajo. Con realizadores de más experiencia, cuenta, el montaje suele adquirir un espíritu lúdico. También enfatiza las dificultades de trabajar con un director o directora que no valore el proceso de montaje.
“Una pesadilla para un montajista es aquel director que está esperando solo el resultado y no el proceso. Es lo más lindo, enamorarte del presente y no estar solo pensando en lo que va a ocurrir con la película”, sostiene.
De la moviola a la inteligencia artificial
Consultadas por las tecnologías que han transformado el oficio, las invitadas recordaron la época en que se montaba con moviola: “Los sistemas de edición no lineal le han dado mucha libertad al montajista. Es posible almacenar opciones y mostrárselas al director. Eso no era posible con la moviola, donde el material se iba deteriorando”, señala Chignoli, quien alcanzó a utilizar moviola en las salas de edición.
Frente a la inteligencia artificial, en cambio, aparecen las dudas. Antes, muchas tareas se hacían junto a un asistente, y el montaje es un oficio que se aprende en esa convivencia: no solo cómo se corta y se pega, sino también cómo se lleva la relación con un director.
La velocidad de las herramientas actuales puede hacer que se pierda el proceso. Con la IA, advierte Hernández, “se pierde un poco la artesanía del montaje”.
Un oficio fuera de las luces
La conversación también aborda la presencia de las mujeres en el montaje. Andrea destaca la importancia de su trabajo dentro de una producción y el poder creativo que ejercen desde un oficio menos visible.
“El montaje ha sido un espacio de resistencia para las mujeres. Es un espacio tremendamente creativo como el guion y la dirección, pero pasa más piola el poder que tiene la mujer ahí. Es un oficio que está fuera de las luces”, señala.
Valeria, por su lado, cuestiona la atribución de un rol maternal a las montajistas y recuerda un comentario de Quentin Tarantino sobre Sally Menke: “Recuerdo que Tarantino decía que destacaba en Sally Menke su rol maternal, que lo contenía. No creo que una mujer tenga que cumplir ese rol. Hay varios conceptos machistas que resuenan de pronto ahí”, señaló.
Ver cine sin ver la costura
¿Cómo se mira una película cuando se conoce el oficio desde dentro? “La magia de una película excelente es que uno no ve la costura. Cuando hay películas que no cumplen eso, uno se pone a ver las decisiones y analizarlo de otra manera”, reflexiona Chignoli.
A Valeria le gusta identificar las decisiones de edición, pero también aprecia dejarse llevar por las películas: “Cuando estás viendo una película sin ver tanto detalle tienes momentos en que uno se siente como un niño disfrutando”, comenta.
Andrea, por su parte, se detiene en esa necesidad de ver películas. “El cine es muy dinámico y cambia constantemente. Por ejemplo, antes los jump cuts estaban prohibidos y hoy están por todos lados y más allá incluso. Siempre veo mucho cine para ir entendiendo cómo ese lenguaje se modifica”, afirma.
El capítulo también aborda las escenas que quedan fuera y los cambios que experimenta una película durante la edición. La conversación, guiada por la periodista Fer Miranda, termina con una ronda de preguntas rápidas.
La primera temporada de «Séptima Fila» comenzó en marzo con un capítulo sobre dirección de cine junto a Carmen Castillo, Marialy Rivas y Carolina Moscoso. Le siguieron episodios dedicados a la actuación, la animación chilena, las salas independientes y la gestión cultural, la música incidental y la dirección de fotografía. El podcast contempla diez capítulos, con un nuevo episodio cada mes.
Esta iniciativa busca trasladar al formato digital una práctica que ha sido parte fundamental de Centro Arte Alameda desde sus inicios: generar espacios de encuentro, conversación y reflexión en torno al cine más allá de la proyección. El proyecto es financiado por el Fondo de Fomento Audiovisual, Convocatoria 2025 del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio.