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02 noviembre 2026, 12:56 PM | Actualizado | Chile
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Dejar registro de lo real: Ignacio Agüero, Pamela Pequeño, Iván Osnovikoff y Cons Gallardo reflexionan sobre el documental en un nuevo capítulo de Séptima Fila

Documentar viene del latín documentum: dejar registro de lo real. Pero ese límite se ha ido corriendo, y hoy el género mezcla ficción y experimentación.

En la antesala de la 30° edición del Festival Internacional de Documentales de Santiago (FIDOCS), del que también es sede, el Centro Arte Alameda estrenó el octavo capítulo de “Séptima Fila”, su podcast grabado en plena sala de cine. En la instancia, los documentalistas Ignacio Agüero, Pamela Pequeño, Iván Osnovikoff y Cons Gallardo fueron los invitados a conversar sobre el género, sus métodos y sus fronteras.

Agüero estudió en la Escuela de Artes de la Comunicación de la Universidad Católica, fue codirector y editor de la Franja del No y es socio fundador y primer presidente de la Asociación de Documentalistas de Chile. Su filmografía incluye “No olvidar” (1982), “Cien niños esperando un tren” (1988), “Aquí se construye” (2000), “El diario de Agustín” (2008) y “El otro día” (2012).

Pequeño es periodista especializada en cine documental. Comenzó en Teleanálisis, noticiario independiente realizado en dictadura, y ha dirigido “La hija de O’Higgins” (2001), “Dungun, la lengua” (2012) y “Cobija” (2025). Además, es consultora de guion de documentales y series de no ficción, y una de las fundadoras del festival Femcine.

Osnovikoff es antropólogo y cineasta. Comenzó como guionista asistente de Silvio Caiozzi y, junto a Bettina Perut, ha realizado “Chi-chi-chi-le-le-le. Martín Vargas de Chile” (2000), “Un hombre aparte” (2001), “El astuto mono Pinochet contra La Moneda de los cerdos” (2004) y “Los reyes” (2018), entre otras obras.

Por su parte, Gallardo estrenó en 2017 su ópera prima, “En tránsito”, premiada en BioBioCine y Sanfic, y seleccionada en los festivales de La Habana y Toulouse. Actualmente distribuye su segundo largometraje, “La búsqueda del otro” (2025).

Un límite cada vez más permeable

La conversación parte con una frase de Jean-Luc Godard: todo cine es documental, porque registra lo que ocurre frente a la cámara en el momento del rodaje. ¿Dónde está, entonces, el límite?

Para Pamela Pequeño, la ficción y el documental están muy cerca y se prestan recursos mutuamente. “Yo, en mi quehacer documental, incluyo cosas puestas en escena. Uno siempre está ficcionando una representación”, explica. Y concluye: “Yo me inclino por lo híbrido, por la hibridación”.

Iván Osnovikoff traslada la diferencia al método. En la ficción, dice, se suele partir de un guion que se materializa de forma más o menos rígida; en el documental, el registro es una investigación abierta en el mundo. “Cuando uno está en el rodaje está conociendo esa realidad y, por lo tanto, abierto a esa realidad, no replicando una idea que ya previamente yo tengo acerca de esa cosa”, sostiene.

Ignacio Agüero, en tanto, prefiere no distinguir. “A mí me gusta filmar sin saber qué. Nunca pienso en eso: si estoy haciendo una ficción o un documental”, afirma. Cuando un documental le pide actores, cuenta, recurre al eléctrico, al sonidista o al productor.

Salir a explorar

La incógnita de no saber qué se habrá filmado al terminar el día es, para Agüero, lo más fascinante del documental. “Todos los días de rodaje de todos mis documentales son así. Yo creo que a todos les pasa lo mismo”, comenta.

Osnovikoff lo ilustra con “Surire” (2015), filmada en un paisaje inmenso donde vivían cinco personas. Lo más valioso del rodaje fueron encuentros fortuitos, como una conversación en aimara que el equipo solo entendió meses después, al revisar el material. “Uno puede tener un guion y resulta que un personaje, una situación, parte por un lado, y uno tiene que cambiar completamente el plan”, explica.

Cons Gallardo suma la etapa final del proceso. “A mí me pasa igual que el guion, siento que se escribe al final también en el montaje”, señala. Uno tiene una idea y una estructura, agrega, pero todo cambia cuando se sienta con el montajista.

La confianza se construye con tiempo

¿Cómo se gana la confianza de quien estará frente a la cámara? Pequeño recuerda que en su primer documental, “La hija de O’Higgins”, le tocó grabar a su propia familia, y su padre se le escapó durante semanas. “Tuve que hacer, pero como todo, una emboscada realmente”, cuenta.

En “Cobija”, en cambio, conocía a la comunidad, pero eso no bastó para entrar en sus memorias, historias y mitos. Viajó muchas veces al territorio y siempre fue honesta con la película que estaba haciendo. “He logrado finalmente trabajar con las personas que quería, pero sí con respeto y ser muy directo y honesto con eso”, afirma.

Osnovikoff relata que “Los reyes” iba a ser una película sobre adolescentes skaters, pero frente a la cámara los jóvenes se cerraban. Entonces aparecieron Chola y Fútbol, los dos perros del parque. “Esa resistencia dio paso a la invención de algo que fue mejor que lo que teníamos previsto”, explica.

Gallardo, por su parte, pasó un año visitando el lof de una machi antes de que esta la ayudara a encontrar a la protagonista de “La búsqueda del otro”. “Yo siempre digo que tiene que gustar mucho lo que estás haciendo, porque hay que tener harta paciencia”, señala.

Nadie es invisible frente a la cámara

La conversación contrapone dos tradiciones: el Direct Cinema norteamericano, que propone al documentalista como una mosca en la pared, y el cinéma vérité francés, que lo entiende como una mosca en la sopa. ¿Es posible no interferir?

Agüero responde sin rodeos. “Nunca me he planteado ser invisible. Más bien lo contrario”, dice. Para él, mostrar la forma de trabajar permite crear buenas relaciones con las personas filmadas. Luego bromea: “A mí me encantaría ser invisible siempre, siempre, y poder espiar siempre a todo el mundo (…). Pero al momento de filmar y hacer película no me planteo eso”.

Osnovikoff recuerda que la idea de invisibilidad surgió con los hermanos Maysles, en torno a “Salesman” (1969), aunque una cámara de 16 milímetros sonando en una pieza la hacía imposible. “Un equipo de rodaje cambia las cosas, y el trabajo del equipo de realización tiene que ver con administrar de la mejor manera posible ese impacto, que no se puede ocultar”, plantea.

Los documentales son películas

¿Cambia la experiencia del espectador saber de antemano que verá un documental? Para Agüero, sí, aunque eso ha cambiado mucho. “El documental de los últimos treinta años por lo menos ha avanzado mucho en conquistar al público, porque se ha transformado el documental también en ser muy seductor, muy atractivo, como forma de cine, como forma de contar”, sostiene.

Tanto, agrega, que más de un amigo le ha dicho tras ver uno de sus trabajos que “era película”. A Pequeño, en tanto, le pasa que le responden que ella no hace películas, sino documentales. “Sí, los documentales son películas”, insiste.

Gallardo aporta una anécdota reciente: en un encargo audiovisual, les pidieron suavizar la corrección de color porque la imagen parecía hecha con inteligencia artificial. Para Agüero, eso puede jugar a favor del género. “En el fondo, la crudeza de la imagen menos tratada tiene un valor”, afirma. Y ante la necesidad de categorizarlo todo, propone lo contrario: “Lo mejor es jugar con eso y confundir al espectador lo más posible”.

El capítulo de Séptima Fila ahonda además en el falso documental y cierra con las preguntas rápidas, donde los invitados recomendaron títulos como “La batalla de Chile” (1975-1979), de Patricio Guzmán; “La flaca Alejandra” (1994), de Carmen Castillo, y “Primate” (1974), de Frederick Wiseman. También compartieron sus planos favoritos y lo más inesperado que les ha ocurrido en un rodaje, en una conversación guiada por la periodista Fer Miranda.

Una temporada de diez capítulos

La primera temporada de Séptima Fila comenzó en marzo con un capítulo sobre dirección de cine junto a Carmen Castillo, Marialy Rivas y Carolina Moscoso. Le siguieron episodios dedicados a la actuación, la animación chilena, las salas independientes y la gestión cultural, la música incidental, la dirección de fotografía y el montaje. El podcast contempla diez capítulos, con un nuevo episodio cada mes.

Esta iniciativa busca trasladar al formato digital una práctica que ha sido parte fundamental de Centro Arte Alameda desde sus inicios: generar espacios de encuentro, conversación y reflexión en torno al cine más allá de la proyección. El proyecto es financiado por el Fondo de Fomento Audiovisual, Convocatoria 2025 del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio.

¡Revisa el octavo capítulo de “Séptima Fila”!

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