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09 octubre 2026, 16:46 PM | Actualizado | Chile
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Hangar Rojo

“Hangar rojo” (2026) de Juan Pablo Sallato: Obedecer o perecer

“Hangar rojo” de Juan Pablo Sallato es una cinta que nos posiciona en el plano moral, específicamente en el desmoronamiento de una institución que devora a un hombre. El director no solo entrega uno de los ejercicios cinematográficos más valientes del cine chileno reciente, sino que construye un thriller psicológico de poderoso e intenso. Al desplazar el eje narrativo habitual para situarnos en los claustrofóbicos pasillos del poderío militar durante las primeras horas del Golpe de Estado de 1973, la cinta logra algo verdaderamente excepcional: enfrentar el horror histórico en el propio ejército, en este caso, la fuerza área.

Desde el primer encuadre, la propuesta visual sostiene a pulso la tragedia. La fotografía en blanco y negro, lejos de ser solo un recurso estético, se convierte en un agente de tensión dramática. La ausencia de color depura la imagen, acentúa las sombras de la Escuela de Aviación y transforma los espacios abiertos en trampas. Hay una sensación constante de estar siendo acechado, un clima paranoico donde cada esquina oculta una amenaza y cada mirada entre uniformados puede significar la sentencia de muerte. El uso de primeros planos inquietos y una puesta en escena casi teatral, con foco en la gestualidad o el uso estratégico de los espacios, encierra al espectador en una prisión donde no hay escape visual.

Esa arquitectura del encierro dialoga de manera desgarradora con la desesperación de estar atrapado en el peligro. Aquí, el verdadero terror no siempre se ejecuta ante los ojos; se insinúa, se respira y, sobre todo, se escucha. El diseño sonoro fuera de campo convierte los ecos lejanos de la tortura en una vibración invisible pero omnipresente. Similar a la experiencia “Zona de Interés” (2023) de Johathan Glazer. Escuchar el dolor de los prisioneros atravesando los muros del hangar, erosiona a los personajes y expone las fisuras de una institución fracturada por la violencia.

Es precisamente en esa dimensión donde la película despliega su mayor originalidad: el terror jerárquico. La obediencia ciega y el cumplimiento del deber colisionan brutalmente con la ética personal. Sallato expone con maestría la tensión entre roles dentro del ejército, donde la cadena de mando se transforma en un engranaje perverso. El conflicto se vuelve encarnizado en el enfrentamiento entre el capitán Jorge Silva y un coronel con quien ya arrastra un conflicto previo. La dinamita entre ambos no es meramente ideológica; es una grieta profundamente personal donde la jerarquía se utiliza como un instrumento de venganza y coerción. Lo personal y lo político chocan sin tregua, convirtiendo la disciplina militar en una condena de supervivencia.

Un elemento secundario, pero que también relevo en este relato, es que, en medio de esta hostilidad, se retrata también la tragedia del soldado raso: aquel joven que ingresó con ilusión a las filas de las Fuerzas Armadas y que ve cómo sus ideales se quiebran irreversiblemente ante la barbarie institucional. Esa ilusión no solo personal, sino que familiar, que deposita una expectativa de mejora social y económica que termina de golpe, siendo arrastrado a eventos históricos que lo convierten en un medio para el horror. El sistema no solo persigue al enemigo externo; devora la inocencia y la humanidad de sus propios integrantes.

Toda esta compleja carga dramática descansa y destaca en la magistral interpretación de Nicolás Zárate. Su actuación como el capitán Silva es la columna vertebral de la obra. Zárate rehúsa el melodrama y opta por una contención admirable. Su serenidad ante el horror, expresada a través de miradas cómplices, silencios densos y una corporalidad rígida pero fracturada, transmite una hidalguía solemne y sincera. Es una interpretación honesta, de una dignidad abrumadora, que logra reflejar el peso insoportable de quien intenta mantenerse moralmente intacto mientras la estructura a la que juró lealtad se desmorona a su alrededor. Luego del visionado, resulta difícil ver a otro intérprete en este poderoso rol.

“Hangar Rojo” es una pieza cinematográfica poderosa, implacable en su ritmo y magistral en su ejecución técnica. Sallato consigue que el encierro físico se traduzca en una asfixia emocional colectiva, recordándonos que las heridas de la dictadura no solo se miden en el impacto de sus horrores, sino también en el silencio tembloroso de quienes, atrapados en las filas del deber, vieron cómo la violencia destruía su propia fe en la humanidad.

¡Revisa el trailer de «Hangar rojo»!

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